Artes marciales hapkido,
Por. Daniel Yaya.
Manual Samurai Capítulo 12 - Chang, el samurai obscuro
La bella joven se estiró entre las
suaves sábanas de seda. Su larga y reluciente cabellera negra recorría su
cuerpo como si el manto de la noche hubiera deseado posarse sobre la suave y
pura tela. La enstancia tenía un suave olor a incienso y menta, el suave aroma
penetró por sus pulmones haciendo aun más agradable su lento despertar. Una
sonrisa de satisfacción y felicidad cubrió su rostro cuando al abrir los ojos
vio al hombre que amaba. Kan estaba aun sentado en medio de la lujosa estancia.
Bellos tapices adornaban las paredes de una exquisita madera rematada con
adornos de oro y plata. El suelo,
cubierto de un fino y suave tatami
invitaba a caminar descalzo sobre él. En el techo una bella pintura ofrecía la
imagen de un fenix protector. La muchacha miró otra vez al joven, aparentemente
no se había movido en toda la noche. Rosana, ya totalmente despejada recordó la
dureza del día anterior, poco después de saber que estaba prometida al joven
situado en el medio de la estancia había sufrido un atentado contra su vida. De
no ser por la rápida actuación de su prometido ahora mismo sus familiares la
estarían llorando y enterrando. Aún su vida corría peligro, por ese motivo
había dormido en esa hermosa habitación, la habitación central del Palacio del
General de Generales Samurai, sin duda el lugar más seguro de todo el imperio.
Aun y así su prometido había decidido montar guardia toda la noche, se había
sentado en medio de la habitación en una postura de meditación y había
permanecido igual toda la noche.
La joven se preguntó si habría
dormido o si, como sospechaba, esa meditación le permitía estar alerta y
descansar al mismo tiempo. Rosana era una muchacha tímida por naturaleza, sobre
todo en público. Sin embargo en privado y con los seres amados era una
"pequeña fierecilla indomable" como solía llamarla su padre. Contenta
gracias a un descanso reparador, decidió gastarle una pequeña broma a su
reciente prometido. La mujer alargó la mano hasta la mesita que se encontraba
al lado de su cama y agarró silenciosamente un pequeño broche de bronce que
solía utilizar para atar su larga melena en un práctico moño cuando ayudaba a
su padre en su trabajo en la cocina. Silenciosamente se sentó sobre la cama
tapándose lo más posible con las mantas, apuntó y... lanzó el bello adorno
contra el homoplato derecho del joven con una pícara sonrisa de triunfo en la
voca. En menos de un parpadeo el joven
presintió el broche, alargando una mano hacia atrás, lo agarró en pleno vuelo
en el aire con la misma facilidad con que Rosana lo había cogido de la mesita.
Y dándose la vuelta burlonamente dijo: - ¿Has
perdido esto? - Pronunció alegre Kan - ¿Me parece que se ha caído del pelo? -
dijo jugetón mostrando el broche de la chica en su mano. Rosana lanzó un bufido
fingiendo indignación, en el fondo estaba impresionada pero no quería
reconocerlo... al menos no tan fácilmente. - ¿Qué tal has dormido? - Preguntó
el joven - Te revolviste mucho por la noche. - Al principio descansé mal -
reconoció la joven - pero después de despertar un par de veces dormí de
maravilla - y estirándose agregó - ¡Son tan cómodas estas sábanas de seda! Al
decir eso se le escapó la sábana de las manos, deslizando rápidamente por su cuerpo.
La joven alarmada alargó la mano,
tomó las sábanas y se tapó pudorosamente, debido a la rapidez de la decisión la
noche anterior había tenido que dormir desnuda al carecer de ropa de dormir. En
su desliz había enseñado, sólo durante medio segundo, un poco más de lo que
deseaba. Después de comprobar que estaba ya tapada correctamente escrutó al
joven que había delante de ella intentando hacerse creer que quizás no había
visto nada distraído con alguna otra cosa. La mirada del joven estaba fijada en
ella, así que era obvio que no se había perdido nada del
"espectáculo", la joven no pudo menos que ruborizarse, tímida por
naturaleza no pudo pronunciar ninguna palabra aunque hubiera deseado decir
algo... El joven, notando su vergüenza intentó subirle el ánimo a su amiga. -
No sé por qué te tapas tanto - dijo - Eres muy hermosa, tanto encima como
debajo de las sabanas. Rosana enrojeció de cólera ¡Sería descarado! Le miró
fijamente dipuesta a cantarle las cuarenta cuando... se fijó en la inocente
mirada del muchacho.
La miraba como se puede mirar una
bella pintura, no había nada lascivo ni pervertido en él, más bien todo lo
contrario, su mirada sólo reflejaba una inocencia increíble. En ese momento la
joven recordó las palabras del General de generales el día anterior "¡Mi
hijo es más inocente que una lechuga!" había dicho... Rosana no pudo menos
que imaginarse a Kan como una lechuga gigante con kimono y espada Samurai. Ante
la mera idea de que estaba prometida a una "lechuga Samurai" no pudo
contener una enorme carcajada. - ¿De qué te ríes? - Dijo el Joven Samurai
incómodo - ¿He dicho algo inapropiado? - No Kan - contestó alegre conteniendo
la risa - todo lo contrario - y lanzándole un beso añadió - ¡Eres un cielo!
Ahora fue el joven quien se ruborizó de arriba a abajo, la joven no pudo
contener el pensamiento de pensar que igual en vez de una lechuga samurai era
un "tomate Samurai!".
Una risita contenida cruzó la cara de
la bella muchacha que, temiendo ofender a su salvador, se controló para que no
fuera a más. - Estoy muy contento de saber que eres feliz - dijo el joven
comandante acercándose al lecho de la hermosa muchacha y sentándose en su
borde. Rosana se intranquilizó un poco, un mar de sentimientos cruzó su pecho.
Por un lado Kan la había salvado de la muerte el día anterior, también sabía
que era su prometido y que era aún un niño inocente, pero ella no podía dejar
de ver a un Samurai, a un hombre y después de todo ella estaba totalmente
desnuda debajo de las sábanas y él estaba allí sentado tranquilamente en su
lecho, es cierto que lo hacía con inociencia, sin segundas intenciones, pero la
joven no pudo menos que ruborizarse y sentirse un poco insegura... a la par que
también se sentía segura por la protección que sabía que el joven le brindaba
ante cualquier ataque... en un momento cortó el hilo de pensamientos temiendo
que su prometido pudiera leerlos en su cara, sin embargo después de mirarlo
fijamente comprendió que él no era capaz de intuir tales cosas.
Quizás fuera un Comandante Samurai
exquisitamente entrenado en el arte de la guerra y los ejércitos, pero respecto
a mujeres aún sabía menos que la mayoría de los hombres ¡Y eso ya era decir
poco! Kan por su parte interpretó el tibio rubor de su prometida como un efecto
secundario de la risa. Tampoco le extrañó su silencio pues él lo agradeció para
poder contemplarla hermosa y pálida contra la suavidad de las sedas y el negro
ondular de sus cabellos. Justo en ese momento Rosana se dio cuenta de como
contemplaba su prometido su larga cabellera negra. La joven estaba muy
orgullosa de ella y en ese momento se le ocurrió una idea, con un movimiento de
su brazo cambió de postura el largo fluir de sus cabellos recostándolos por
encima de su hombro derecho y colocándolo por encima de las sábanas. De esta
forma, mientras ella permaneciera sentada, sus propios cabellos le cubrían el
cuerpo por encima de las sábanas, aun en el caso de que se le resbalase la
sábana otra vez su pudor quedaría totalmente tapado por sus negros cabellos. -
¿De verdad te parezco guapa? - Preguntó ella al fin - Eres más que eso, eres
muy hermosa - contestó honestamente Kan. Una sonrisa elevó el ánimo de la muchacha
que justo iba a decir algo cuando sonó la puerta. - Es Gui - susurró Kan antes
de decir más alto - ¿Quién es? - Soy Gui comandante - dijo el interpelado
detrás de la puerta - me manda su madre, desea que acudais a desayunar al salón
principal. - ¿Y por qué no me lo dice ella misma? - Preguntó extrañado Kan - Si
está ahí mismo contigo - Una mueca de sorpresa cruzó la cara de Rosana ¿Acaso
su prometido veía a través de las puertas? - Eh... - contestó nervioso el
experto en camuflaje detrás de la puerta - Su madre pensó que yo resultaría
menos... "agresivo" para su prometida, no deseaba causarle pesar -
contestó sinceramente como se espera de todo Samurai.
Después de decir esto se escuchó un
enfadado bufido procendente de una mujer que decía algo así como "Estos
hombres no saben nada!!!" Kan miró sorprendido a Rosana, visiblemente
incomodada por la discursión y decició atajar el asunto contestando. - De
acuerdo, en 15 minutos estaremos en el salón - y después de escuchar
atentamente unos segundos añadió - y Mamá, márchate con Gui. Rosana miró
atentamente a su prometido, el cual le explicó sencillamente: - Mi madre es muy
amiga de espiar detrás de las puertas - durante un momento su mirada se perdió
en el infinito y al fin dijo - ya puedes estar tranquila, la persona más
cercana está a 15 metros de la puerta. - ¿Cómo puedes saberlo? - preguntó
impresionada la joven. - Oh! Es muy sencillo, es parte de mi entrenamiento
samurai - explicó - además yo he crecido en este lugar, así que me es más facil
situarme que, por ejemplo, en un bosque.
Rosana meditó un momento sobre el
hecho, eran increíbles todas las habilidades del joven... tanto como que se
refiriera a ese increíble palacio como "este lugar" ¡Igual que si
fuera una simple choza! -Será mejor que te vistas - dijo el joven, ella le
contestó con una significativa mirada ¡No prentendería que se vistiera delante
de él! Ni que decir tiene que Kan no entendió la mirada de la joven, después de
un rato pensó que igual le estaba pisando la sábana, miró donde estaba sentado
pero comprobó que no, así que lanzó una inocente mirada a la joven... la cual
le fulminó con la mirada. ¿Qué era lo que pasaba? Kan al final comprendió... o
creyó comprender. ¡Pero no era para tanto!. Alargó su mano, cogió la ropa de la
joven y se la tendió, al ver que no la cogía se la posó al lado. - ¿No
prentenderás que me vista delante tuyo, VERDAD? - dijo a la par enfadada y
divertida ante la visión del desconcertado joven, el cual quedo durante un
momento paralizado pensando en cual era la respuesta correcta. - Eh... ¿Sí? -
Contestó tímidamente. Un sonoro bofetón cruzó la cara del joven. - ¡Ay! -
exclamó - ¿La respuesta era No??? - preguntó tímidamente ¡Vaya genio!, al ver
el cabeceo de la joven Kan se levantó y fue hasta la puerta.
Dudó un momento antes de salir, no
deseaba dejarla sola, además no comprendía el por qué del asunto y menos de la
bofetada, así que preguntó inocentemente... - ¿Tengo que salir de la
habitación? - y añadió - no quisiera dejarte sola... por si acaso. La chica meditó
un momento y al fin contestó: - Con que te quedes ahí es suficiente - y aclaró
por si acaso - pero tienes que prometerme que no te darás la vuelta hasta que
yo te lo diga. - Te lo prometo - después por si acaso añadió - te prometo que
si no oigo ningún ruido extraño o ningún peligro inminente no me daré la
vuelta... - después de dudar preguntó - ¿Te vale eso? - Sí - Rió la joven que
ya había saltado de la cama y se estiraba tranquilamente disfrutando de la
suave sensación del tatami debajo de sus pies. Azoto su cabello para su espalda
y pícaramente se acercó hacia su prometido con la total seguridad de que Kan
nunca incumpliría una promesa como Samurai de honor que era. - ¿No has
descansado nada en toda la noche? - preguntó acariciando suavemente la espalda
del joven buscando músculos tensos y después de encontrar un par de ellos
empezó a masageárselos suavemente. - ¡Qué gusto! - susurró Kan - No he dormido,
si es eso lo que preguntas. Simplemente he meditado, mantiene descansado el
cuerpo y alerta la mente - casi no podía pronunciar las palabras del placer que
sentía con el ágil masaje de la joven en su espalda - ¿Te puedo preguntar algo?
La mujer guardó silencio un momento, estaba disfrutando con su juego, estaba
completamente desnuda en una lujosa habitación con su prometido, eso la hacía
sentirse muy mujer.
A la par el joven era un hombre de
honor con el que estaba totalmente segura y que, realmente, no la estaba
viendo, así que en la práctica era igual que si ella estuviera totalmente
vestida delante de él charlando amigablemente. Curiosamente, a parte de su
timidez habitual, la situación le proporcionaba una seguridad en si misma y una
feminidad de la que estaba disfrutando. - Pregunta - contestó al fín. - ¿Por
qué me has mandado que me diera la vuelta? - y añadió ofendido - ¿Y por qué me
has pegado? - después como si temiese algo añadió - ¿Te he ofendido en algo? -
¿De verdad no lo sabes? - preguntó extrañada y sorprendida ¡Si que era inocente
como una lechuga! - Si lo supiera no lo preguntaría - contestó molesto Kan
mientras la mujer notaba que sus músculos se tensaban incómodos. - Relájate -
ordenó ella, él se destensó y una sonrisa cruzó la cara de la bella muchacha -
No sabes nada de mujeres - era una afirmación, no una pregunta, después de pensarlo
un momento continuó. - a las mujeres nos molesta que los hombres nos vean
desnudas - dijo al fin. - ¿Por qué? - ¿Por qué? - la sencilla pregunta alarmó a
la joven que interrumpió su masaje... pero continuó después de un leve gimoteo
del joven - Bueno, supongo que nos hace sentir inseguras.
Además un hombre no suele mirar a una
mujer desnuda con muy buenos pensamientos. - ¡Yo no tengo malos pensamientos! -
exclamó Kan no del todo seguro de que eran "malos pensamientos" -
además no tienes porque sentirte insegura porque te mire ¿Acaso no te miro
cuando estás vestida? - La muchacha no sabía si le acababa de gustar que Kan
"la mirase" cuando estaba vestida... pero decidió que lo decía con
buena intención - Eres preciosa, no deberías avergonzarte de ti misma. Ninguna
mujer es tan hermosa como tú. La sencilla afirmación encantó a la joven que
reaccionó impulsivamente poniéndose de puntillas y lanzando un beso a la
mejilla de Kan desde la espalda. Al ver que este giraba un poco la cabeza se la
sujetó con ambas manos para que mirase otra vez hacia la puerta. - No soy tan
hermosa! - contestó medio en serio medio en broma Rosana - ¿No crees que Escila
es más guapa que yo? Kan lo meditó y momento y rápidamente contestó. - Sois
distintas,
Escila es Rubia y de ojos azules, tú
pelo es... - dudó un momento - como la noche iluminada por las estrellas - la
descripción encantó a la joven - y tus ojos son como puntos negros en los que
me hundo cada vez que los miro - Kan sentía algo de vergüenza al decir lo que
sentía, pero sencillamente no encontraba otra forma de expersarlo - Escila está
algo morena por el sol, tú eres blanca como la leche - y después de dudar un
momento añadió - además Escila es demasiado... ¿Cómo se dice? - Boluptuosa? -
Le ayudó al joven. - Sí eso, Bolptosa - contestó incapaz de pronunciar
correctamente la palabra. - Yo creía que eso era algo que gustaba a los hombres
- dijo interesada la joven sin darse cuenta de que se había abrazado a la
espalda de Kan para susurrarle al oído y escucharle mejor. - Normalmente sí -
contestó él - suelo escuchar muchos comentarios sobre los distintos tamaños
de.. las boltposas mujeres. - la palabra se le seguía atragantando, lo cual
causaba un visible agrado a la joven - pero yo no le veo un por qué, quizás sea
porque soy aún joven y eso son cosas "de mayores" pero creo que una
Samurai es mejor si no es tan... eso, que si lo es. Debe de estorbar mucho en
la lucha! Rosana no pudo reprimir una carcajada y le propinó otro beso en la
mejilla al joven antes de separarse e ir, al fin, a vestirse sin poder reprimir
un pensamiento "Depende del tipo de lucha".
Rosana y Kan entraron de la mano en
el gran salón, la madre del muchacho los miraba entre con pena y alegría y los
invitó a sentarse a la mesa. Kazo presidía la mesa y los dos jóvenes se
sentaron en el medio de la larga mesa uno al lado del otro. - Padre - dijo Kan
mientras se servía una taza de zumo - he estado pensando esta noche - dijo
enigmáticamente - he decidido que sólo hay una forma de acabar con esto - y
mirando fijamente al general de generales añadió - He de ir a luchar contra el
asesino personalmente. Kazo meditó un momento, había previsto una acción
similar y contestó: - Eso sería inútil - al ver la cara del muchacho añadió -
cuando acabases con el asesino, otro vendría en su lugar. Como reza el dicho
"Para prender a los bandidos captura al que los manda." - Kan asintió
pues lo conocía - Hay que acabar con el padre de tu otra... falsa prometida. -
después de un segundo añadió - con "Chang, El Samurai Oscuro" Rosana
se atragantó, no le gustaba como sonaba eso.
Ya había visto las habilidades de Kan
y sólo era un muchacho, un poder similar mal utilizado sería horrible! - Bien,
lucharé contra ese Chang en combate singular, le venceré y volveré - dijo
simplemente Kan mientras acababa de desayunar - ¿Dónde puedo encontrarlo? Kazo
miró a su hijo, el joven Samurai creía que todo el mundo cumplía su palabra y
su honor, no se daba cuenta de que algunos seres como Chang hacían uso de las
más torcidas artimañas para conseguir lo que deseaban. Un lijero temor por su
hijo recorrió el cuerpo del anciano Samurai, no sabía si Kan estaría ya
preparado para enfrentarse a la realidad por su cuenta. - Chang está exiliado
en una pequeña Isla muy al sur. Una zona volcánica muy peligrosa donde él mismo
se ha refugiado. - explicó el anciano Samurai - nunca la hemos atacado pues
sería una perdida inútil de vidas, ningún ejército puede recorrer la zona sin
sufrir graves pérdidas por los nocivos gases y la lava ardiente... eso sin
contar que habría que hacer frente a un ejército de renegados que no tienen
sentido del honor, dispuestos a hacer lo que sea para conseguir la victoria. -
Pero eso es horrible! - saltó la joven Kazo asintió con la cabeza, para él se
había guardado que esos renegados eran, en su mayoría, gente engañada y
utilizada, que temía día a día por su vida, pues si fracasaban en una misión
serían ejecutados sin contemplaciones... tanto ellos como sus familias. - Por
desgracia no es posible erradicar la maldad de la tierra, siempre habrá gente
malvada... - Kazo suspiró - lo único y lo mejor que se puede hacer es enseñar
el camino correcto a cuantas más personas mejor, pues de esta forma los
salvarás del camino de las desgracias, la envidia, el fracaso, la estafa, el
asesinato y la deprabación.
Kan continuó pensativo, lo había
decidido, esa misma mañana se reuniría con sus Samurais y formarían una tropa
de élite con la que atacarían el reducto de Chang para terminar con sus
maldades y así se lo dijo a su padre. - Si tan decidido estás yo mismo te
acompañaré - Rumiko y Rosana temblaron visiblemente - Triplicaré la guardia de
palacio para que cuiden de tu madre y tu prometida, mis mejores Samurais
quedarán aquí junto con Gui para guardarlas, y marcharemos Siete Samurais para
cortar el tema de raíz. Kan asintió y se iba a levantar cuando Rosana le tomó
la mano "quiero hablar contigo a solas" le susurró al oído. El joven
asintió y después de disculparlos se dirigieron a la puerta. En el último
momento Rosana volvió sobre sus pasos y susurró unas palabras al oído de
Rumiko, la cual asintió e hizo un gesto con la mano, cuando los dos jóvenes
prometidos salían por la puerta principal Gui partía presto a cumplir las
órdenes de la Gran Dama. Kan y Rosana se dirigieron a los jardines interiores
del palacio. Kan podía sentir la presencia de varios Samurais de la guardia de
palacio escondidos en las sombras.
Sin embargo su entrenamiento incluía
la discrección, nada de lo que se dijeran los jóvenes prometidos sería nunca
repetido. - Temo por ti - dijo al fin la joven - se que eres poderoso y capaz,
pero te vas a adentrar en un terreno desconocido para ti, donde estarás en
desventaja y donde cabe la posibilidad de que fracases. Kan sonrió
tranquilamente, ese era un buen resumen de la vida del Samurai. Meses atrás -
¡Parecían años! - había decidido hacer frente a la vida del Samurai, ya su
primer día venció a los fantasmas del miedo y del fracaso. El sabía que siempre
estaban ahí, al borde del camino, intentando capturarlo para que se rindiera,
ahora hacían uso de su bella amada para que dejara de intentarlo. - Si no lo
intento ya habré fracasado ¿Lo entiendes? - La joven asintió reconociéndolo -
es cierto, siempre puedo fracasar, nada en esta vida es seguro.
Pero nunca me entregaré sin antes
haber luchado con todas mis fuerzas. - Kan hizo una pausa para dejar que la
joven comprendiera - Me hice una promesa a mi mismo hace mucho tiempo de que
así actuaría siempre. - después de otra pausa añadió - Se que arriesgo mucho,
mi apuesta es muy alta amor mío - La joven quedó paralizada por las palabras y
escuchó atentamente - me juego mi propia vida, si fracaso la perderé... si
obtengo el éxito te ganaré a ti. Y contigo la felicidad de toda una vida - El
Comandante Samurai la miró directamente a los ojos - Sin riesgo no hay
beneficio. - ella asintió calladamente - La recompensa vale la pena - él sonrió
ligeramente - me arriesgaré y triunfaré. Rosana entendió muchas cosas en ese
momento. Sólo gracias a un continuo arriesgar Kan había conseguido llegar a ser
lo que era actualmente.
En un principio se habría arriesgado
a triunfar y a cambiar. Seguramente habría sufrido desprecios y burlas por
trabajar para cumplir sus sueños. Poco a poco había ido consiguiendo pequeños
logros que le habían forjado como hombre y como Samurai. La joven, por un
momemto, volvió a ver al hombre escondido en el niño y supo que estaba ahí,
esperando a aflorar cada vez más poderoso y seguro de si mismo. - Entonces te
ayudaré - contestó ella al fin posando sus labios suavemente sobre los de él. Poco
después se encontraban en las habitaciones donde habían pasado la noche, sin
darle ninguna explicación la joven le había arrastrado corriendo hasta ellas.
Al llegar había mirado a su alrededor y sonreído. Después cerró la puerta
detrás de ellos y atrancó la puerta con el cerrojo. Kan estaba anodadado y no
sabía como reaccionar. Ella tomó una toalla de encima de la cama y se la arrojó
al pecho, el joven la tomó en el último momento y la miró extrañado. -
Desnúdate - dijo ella riéndose pícaramente.
El joven Samurai quedó pasmado por la
insólita petición. Sin embargo, acostumbrado a obedecer y a actuar empezó a
desabrocharse la parte superior de su kimono. En el último momento sonrió como
si se acordara de una antigua broma y dijo: - De acuerdo, pero date la vuelta
Ella sonrió, medio indignada medio divertida, pero cumplió su petición, aunque
Rosana, más astuta por naturaleza miró al joven utilizando para ello el reflejo
de uno de los dorados adornos de las paredes mientras su sonrisa pícara
aumentaba por momentos. Lo que más le sorprendió fue la gran cantidad de armas
que el joven guardaba entre los plieges de su Kimono Samurai. Cuando acabó le
dijo sencillamente. - Tápate con la toalla El joven tomó la toalla y se la
enroscó en la cintura.
Un segundo después extrañado por el
detalle de que la mujer supiera exactamente en que momento había terminado la
miró y buscó con la mirada por la habitación. Poco tardó en darse cuenta del
engaño de la mujer y se rió ante su astucia haciéndole una seña por medio del
reflejo. Rosana se rió abiertamente y puso una sonrisa de "te gané" a
la par que se daba la vuelta. - Ahora métete en la bañera - ordenó señalando.
Kan miró una gran bañera de bronce que había sido situada en una esquina de la
habitación junto a una mesita repleta de hierbas, se fustigó mentalmente por no
haberla advertido, de haber sido un enemigo los habría matado a los dos. Sólo
entonces se dio cuenta de lo mucho que había relajado su defensa en los últimos
minutos. Kan tanteó el agua con su mano ¡Estaba ardiendo! miró de reojo a su
prometida pero su postura no admitía replicas. Suspiró y metió una pierna en el
agua, después de dudar un segundo dejó que la toalla deslizase entre sus
piernas y se posara en el seco suelo, él no tenía los mismos prejuicios de la joven,
sólo había querido darle a probar una muestra de su propia medicina. Arggg ¡El
agua estaba realmente ardiendo! - ¿Prentendes guisarme? - Preguntó el joven
Rosana sonrió como única respuesta, a la par que tomaba una pequeña esponja
marina y la untaba con una pastilla de un agradable jabón.
Después empezó a frotar al joven con
la esponja para limpiarle y masajearle al mismo tiempo. - Te has pasado toda la
noche despierto - susurró ella - tus músculos están tensos y resentidos,
necesitan un poco de descanso si vas a afrontar una batalla - razonó ella -
necesitarás estar al tope de tus posiblidades ¿Verdad? - Tienes razón -
contestó él relajándose - pero podías haber esperado a que se enfriase un poco
el agua no crees? - No! - contestó ella enérgicamente - este calor ayudará a
relajarse a tus músculos, mira - señaló - tú piel ya está roja, eso indica que
tu sangre está fluyendo con más libertad, limpiando tu cuerpo por dentro y
nutriéndolo - explicó ella - yo que estaba segura que un fornido samurai como tú
no tendría problemas en aguantar un poquito de agua caliente - se burló - Y no
lo tengo! - se defendió ofendido - Sólo había sido un comentario. - refunfuñó.
- Además - siguió como si él no hubiera dicho nada - en esa isla habrá mucho
calor, necesitas tener los poros muy limpios para poder sudar adecuadamente y
no desmayarte por el calor. - dijo mientras le frotaba la espalda. - ¿Cómo
sabes tanto de medicina? - preguntó él directamente. - Desciendo de una larga
familia de médicos y herbalistas - ante la mueca del joven ella aclaró - mi
padre es "la obeja negra de la familia" - en vez de utilizar las
plantas para curar... ¡Prefiere cocinarlas y comérselas! - una carcajada surgió
de la joven como si fuera una vieja broma familiar. - si hicieras un poco de memoria
recordarías que mi madre es la que se encarga de efectuar los primeros auxilios
a los samurais en la batalla. - No lo sabía - contestó honestamente Kan - nunca
he acudido a una batalla con el ejército - calló un momento para tragar saliva
- hasta hoy.
Rosana se preocupó por este hecho,
pero ahora ya nada podía hacer para cambiar la decisión de Kan... menos
apoyarle y ayudarle en todo lo posible. - No importa - le dijo ella besándole
la mejilla - seguro que lo harás de maravilla - y antes de que el pudiera
contestar hundió su cabeza en el agua de un tirón! Kan pataleó y tiró hasta que
al final sacó la cabeza del agua, no había podido tomar aire e instintivamente
había tragado un buen bocado de agua. - ¡No te entiendo! - dijo al fin -
primero me besas y luego me intentas matar - añadió ofendido - ¿Me quieres o me
odias? Rosana quedó fría ante la directa pregunta del joven, no pensaba que
fuera a hacerle esa pregunta tan directamente, avergonzada metió otra vez la
cabeza de Kan bajo el agua, pero esta vez el estaba preparado y pudo aguantar
la respiración durante el minuto que la joven, distraída en sus propios
pensamientos, lo mantuvo en esa posición. - No te odio - le dijo al fin
sacándolo del agua - y si me comporto así... - dijo seductora - es sencillamente
porque soy una mujer. - Le había dado una respuesta lo suficientemente buena,
razonó ella, no decía nada ¡Y decía mucho! Kan quedó pensativo unos momentos
recostado relajado contra la bañera mientras Rosana le lavaba el pelo con un
suave masaje en la cabeza que hacía sus más gratas delicias. Por lo que sabía
podía ser que el minuto siguiente estuviera otra vez bajo el agua, así que
decidió que lo mejor era disfrutar cada segundo agradable y procurar no salir
mal herido de los ataques de genio de la mujer. Estaba decidido a disfrutar
todo lo posible esos momentos. Después de todo cabía la posiblidad de que estos
fueran sus últimos momentos juntos.
Kan era inocente, pero no iluso, como
samurai entrenado tenía plena conciencia de que podía morir en sólo unas pocas
horas bajo el filo de una Katana enemiga. No permitiría que pequeños detalles
sin importancia estropeasen ningún momento de su vida. No tanto lo era la joven
Rosana que, quizás por su juventud, creía que aún le quedaban largos años de
vida, de no haber sido así quizás se hubiera entregado a disfrutar esos
instantes con la misma intensidad del joven y sabio samurai. Después del baño
caliente, la joven tumbó a Kan boca abajo en la cama y, sentándose sobre él con
suavidad, empezó a masajearle primero la espalda, seguido de la cabeza, los
brazos y los músculos. Al principio de una forma suave, casi acariciándolo,
para a continuación ir aumentando la presión hasta relajar y destensar todos
los músculos del joven. - Estoy en la gloria - logró balbucear el joven. -
Cuando acabe - dijo sonriendo la chica - te encontrarás totalmente descansado y
sin tensiones, como si fueras un "nuevo Kan" recién sacado de su
envoltorio. - Eres maravillosa - balbuceó por respuesta Kan - Gracias -
contestó ella sencillamente - sólo quiero que vayas a la batalla al máximo de
tus posibilidades, ya que yo no voy a poder estar a tu lado para curarte las
heridas y.. - después de tragar saliva nerviosamente añadió - como no puedo
parar las Katanas por ti.
Al menos puedo ayudarte para que
ningún músculo te falle y a que no sufras fatiga mientras peleas. - Eres
maravillosa - repitió sencillamente el joven guerrero. - Si tanto me lo repites
me lo voy a creer! - replicó ella contenta. Después venciendo su timidez se
tumbó como una ligera pluma sobre la espalda de su protector y lo acarició
suavemente... quizás no volviera a verle vivo nunca más pensó y cerró los ojos
disfrutando del suave aroma del joven.
Tres bruscos golpes sonaron en la puerta. Antes de que el primero
acabase de sonar, Kan ya había abierto los ojos, se había despertado y había
analizado la situación. Estaba en la habitación más profunda de palacio, se
había quedado dormido durante el masaje que Rosana le había dado. La joven
estaba tumbada sobre él, aún dormida. La habitación, a parte de ellos, estaba
vacía, había alguien detrás de la puerta y sus armas estaban a más de 3 metros
de él.
Kan se reprendió cuando sonó el
segundo golpe. Podía ser un enemigo, de un movimiento se libró de Rosana, la
cual se despertó de su duermevela, y dando una voltereta saltó hacia sus armas
agarrando su espada Katana. Con el tercer golpe se puso en posición delante de
la puerta, listo y apuntó con su arma preparada en situación de lucha y...
según se dio cuenta en ese momento ¡Totalmente desnudo! Descartó este último
pensamiento de su mente y lo centró en lo importante ¿Sería un ataque? - Kan -
gritó una voz detrás de la puerta - tu hora ya ha llegado. El joven Comandante
se relajó, sólo era Gui, el servicial Samurai, que le avisaba de algo...
intentó rebuscar en su mente para saber que era pero su memoria aún estaba
nublada por el sueño. - ¿Para qué? - preguntó directamente el joven. - Para
partir hacia la isla de Chang. - contestó detrás de la puerta la voz - en 30
minutos partís. - dijo directamente - y luego desapareció por el pasillo para
no molestar más a los jóvenes. Kan relajado se dio la vuelta con la Katana en
su mano derecha apuntando hacia el suelo. - ¿Me vas a atacar? - Sonrió
pícaramente la muchacha mirando al comandante desnudo con su katana en la mano.
Kan se miró de arriba a abajo y estalló en carcajadas. - Vuelve sano - dijo simplemente Rosana
posando un beso en la mejilla del joven. Él se volvió y la besó, esta vez en
los labios.
No sabría decir que le impulsó a
hacerlo pero Rosana le devolvió el beso con amor. - Lo haré - afirmó él
soltándola, aunque no pudo aplacar la sensación de tristeza que anidaba en su
corazón. Cierta sensación de temor por su vida... y un gran descontento por
estar lejos de quien amaba. - ¿Me lo prometes? - preguntó ella dudando - Te
prometo que haré todo lo que pueda por conseguirlo - respondió con sinceridad,
ella sonrió y le dejó partir. Kan miró al frente, su padre estaba en su
cuádriga esperándole sobre el camino, debajo de los escalones las huellas de su
padre se veían claramente sobre la tierra batida. A su espalda estaba Rosana y
a su izquierda, protegiéndola, Gui, el más experto Samurai en camuflaje y
hombre de confianza de su padre. Kan se lanzó al aire para cruzar de un salto
los escalones, tal y como tenía por costumbre, para ir a aterrizar directamente
sobre la tierra batida al pie de los mismos. En ese mismo momento Kan supo que
algo iba mal. Esa tierra Nunca había estado batida, siempre había estado
aplastada por el frecuente tráfico de palacio. Un segundo antes de caer torció
la cabeza en el aire y gritó: - Gui ¡Actúa! - eso fue todo lo que pudo decir antes
de tocar el suelo. Instantáneamente una red le redeó surgiendo del mismo suelo.
Gui reaccionó como el rayo,
instantáneamente alzó su capa tapando a la joven... un parpadeo después el
lugar ya estaba vacío. Kan sabía que Rosana ya estaba a salvo, miró para arriba
y vio como dos Samurais Oscuros tiraban de unas cuerdas casi invisibles
acercándole a una velocidad increíble. Kan no podía mover las manos ¡Ni el
cuerpo! La red le tenía cogido con fuerza y nada podía hacer para defenderse en
ese momento. Kan escuchó un grito detrás de él. Su padre ya estaba en plena
acción, de un increíble salto se lanzó contra los renegados que estaban
raptando a su hijo... para quedar incrustado a medio camino entre unas cuerdas
invisibles estrategicamente colocadas. Kan sintió como tiraban de él entre los
dos. Cargado como un saco de patatas se debatió inútilmente mientras sus
raptores corrían sobre el techo del palacio. Kazo, de un solo movimiento de su
Katana, se libró de las cuerdas que lo sujetaban y corrió detrás de los captores,
no se atrevió a lanzar ninguna estrella Shuriken por miedo a herir a su hijo
así que intentó alcanzar a los perseguidores.
Quizás de haber sido un recorrido más
largo habrían sido alcanzados, pero sólo necesitaban correr unos metros hasta
el rápido río que cruzaba por el ala este del palacio. Los dos asesinos se
lanzaron hacia el río y nadaron, aún con el joven cazado en la red, hacia una
rápida barca situada en la orilla. Kan creyó haberse roto la columna cuando un
tablero le golpeó la espalda al ser descargado en el suelo de la balsa. Al
momento siguiente los dos samurais renegados y su presa ya estaban a cientos de
metros río abajo gracias a su rápida corriente. Kazo, abatido, sólo pudo
contemplar como dos rufianes se alejaban en el horizonte con su hijo. Su única
satisfacción fue pensar que, aunque podían correr más que él, sabía
perfectamente hacia donde se dirigían.
Kan agradeció estar boca arriba,
desde su posición podía contemplar a sus dos guardianes, y aunque nada podía
sacar de sus caras pues estaban tapadas con horribles máscaras sangrientas, si
pudo ver que estaban totalmente concentrados en dirigir la rápida y frágil
barca a través de los peligrosos rápidos del río. Kan deslizó sus brazos a su
espalda buscando algún saliente en la madera, al no encontrarlo intentó
deslizar un shuriken de su manga, sus esfuerzos le llevaron casi cinco minutos
de intentos, pero al fin pudo tomar la afilada estrella y utilizarla para ir
cortando, una a una, las miles de finísimas cuerdas que formaban la red que le
inmovilizaba. El trabajo no tenía nada de fácil pues el arma estaba diseñada
para penetrar y aunque tenía una punta fina y penetrante, su filo era casi
inexistente, el joven se recriminó por no haber escogido otro tipo de estrella,
pues las había que si eran cortantes, pero esas, por ser más difíciles de
utilizar, las había dejado de lado en sus entrenamientos y a la larga no se
había acordado más de ellas. Ya habían salido a mar abierto cuando uno de sus
captores se dio cuenta de que la red cada vez estaba más floja en ciertas zonas
del cuerpo del joven. Sin ninguna piedad agarró el remo y golpeó con fuerza la
cabeza de su rehén.
Kan se sumió en las profundidades de
la inconsciencia sin que nada pudiera hacer. Cuando despertó una bellísima
joven le limpiaba cuidadosamente la herida de su frente. Kan intentó aclarar su
vista y vio una faz blanca remarcada por unos ojos verdes penetrantes. Sus
cabellos eran rubios como la arena y toda ella estaba cubierta con una túnica
de seda semitransparente. - ¿Cómo estais mi Señor? - la voz suave como la
cálida arena surgía de unos labios sugerentes y estaban acompañados por una
mirada que decía muchas cosas... por desgracia Kan aún no era capaz de leer
correctamente lo que esos ojos querían decirle. Kan recordó lo acahecido, su
primer pensamiento fue que había sido rescatado y asignado a los cuidados de la
bella joven. - ¿Me han rescatado mientras estaba incosciente? - preguntó - Sí,
le hemos rescatado mi Señor - contestó la joven beldad - pero temo que no de lo
que Usted piensa - mientras esto decía acababa de curar la fea herida del
joven. Kan reaccionó y apartando suavemente la mano de la joven se sentó y miró
a su alrededor. Ante sí tenía una bella playa de finísima arena, las palmeras
lucían hermosas dejando entrever un cielo azul y un sol reluciente. Daba la
impresión de ser un paraíso sin límites... pero algo no encajaba en la escena.
El Comandante Samurai se fijó entonces en la figura de un hombre maduro de
rubios cabellos que estaba apoyado contra una palmera. Su porte era seguro y
orgulloso, vestía un Kimono negro adornado con unas tiras rojas transversales.
Sus ojos eran verdes y miraban profundamente, su cara lucía una sonrisa
amistosa... que no engañó al joven samurai, pues vio que la sonrisa no se reflejaba
en sus ojos, al acecho, vigilantes. En la cintura del hombre lucía una Katana
lujosamente adornada, su vaina estaba recubierta de todo tipo de piedras
preciosas como si de galardones se trataran, sin embargo Kan no fue capaz de
identificar ninguno de los galardones y pensó que estaba en exceso adornada,
como si pretendiera impresionar a alguien.
El hombre lanzó una mirada rápida a
la joven, la cual se acercó más al joven Samurai y, arrodillándose a sus pies,
le ofreció una copa con algún tipo de caldo. En un acto reflejo Kan tomó la
copa para beberla, sin embargo antes la olió, identificando algún tipo de licor
disuelto en el mismo, por lo que mojó los labios sin llegar a tomarse el
contenido ni a meterlo en su boca, tal y como le había enseñado a hacer Omius
en cierta ocasión. Después alargó la mano para devolver el recipiente a la
joven chocando "por accidente" con sus manos y tirándolo al suelo de
tal forma que todo el contenido cayó en la arena sin que nadie pudiera saber si
había bebido realmente.
La reacción de la muchacha le
impresionó, la seguridad en si mismo se disipó en un instante y como si fuera
culpable del peor de los delitos se arrojó al suelo intentando inútilmente
rescatar la bebida del suelo repitiendo "perdóneme, perdóneme" Kan
escrutó al hombre, el cual estaba dirijiendo una mirada fulminante a la joven,
más cuando advirtió que Kan lo miraba retornó a su mueca anterior. Esto
confirmó las sospechas de Kan quien decidió arriesgarse lanzando un golpe al
aire. - Ha sido culpa mía Chang, no regañes a tu hija por ello - y estudiando
la reacción de ambos añadió - después de todo mi verdadera - recalcó la palabra
- prometida es la más hermosa de las mujeres - dijo ayudando a levantarse del
suelo a la joven.
Kan guardó hasta el último vestigio de
información que la cara del hombre le ofreció, primero lució increíblemente
sorprendido, después una máscara de increíble astucia y maldad cubrió su
rostro, finalmente la victoria y el orgullo de saberse en una posición de
ventaja cubrió su cara. Sin embargo aún no dijo nada, obviamente estudiando al
joven. La chica estaba visiblemente complacida por el comentario, era obvio que
realmente era la hija del hombre, sus ojos le habían hecho sospechar, igual que
el color del pelo y la forma de la mandíbula. Parecía un ser bello y malvado,
sin embargo también su alma estaba totalmente atemorizada, Kan se sabía
observado, sabía que su reacción podría costarle la vida o la muerte y decidió
seguir el juego para hacer confiar al hombre, esperó no haberlo juzgado mal y
decidió "cruzar el mar confundiendo al cielo", era una estrategia
arriesgada, tendría que crear una ilusión para poder encontrar el momento de
escapar.
Así que cogió a la hija de Chang por
los hombros y la contempló profundamente, su pelo dorado era largo y suave,
comprobó el joven acariciándolo. También era suave su tez, toda una beldad como
diría Gr'anSan, el viejo Sabio. "Ningún hombre puede cruzar el desfiladero
de las beldades" le habían dicho en cierta ocasión ¿Había sido el anciando
clérigo? No importaba, en unos segundos ya se había fraguado un arriesgado plan
en la mente del joven, quizás lograse salir con vida de la situación, sino se
libraría para siempre de la amenaza de Chang aunque le costase la vida! - Sí
señor, es muy bella tu hija Chang - contestó Kan con sinceridad contento de no
tener que mentir. - ¿Te parece una buena esposa? - contestó el aludido al fin,
las cosas estaban saliendo mejor de lo que había pensado, pero después de todo
estaba seguro de que la belleza de su hija sería aliciente suficiente para
cualquier hombre, igual que el poder y las riquezas que tendría quien se casara
con ella. - Sin duda - replicó el joven - el hombre que se case con ella será
muy afortunado - contestó de forma disimuladamente evasiba - es bella, servicial,
delicada y sin duda tendrá una extensa dote ¿Verdad? - dijo mirando a su
enemigo directamente. - Sin duda - replicó este animado - estaba seguro de que
reaccionarías así.
Siempre pensé que el hijo de Kazo
habría de ser un muchacho inteligente. ¿Quién rechazaría poder, riquezas y
placer sólo por unas tontas normas morales? - Sí ¿Quién lo haría? - contestó
inteligentemente Kan, por supuesto que él no lo haría! Pero el joven samurai
sabía que el Ladrón siempre cree que todos son de su condición y se limitó a
dejar que Chang se engañase a si mismo. - Perfecto, perfecto - rumió Chang -
Esto es lo que te ofrezco Kan, mis dominios - dijo abarcando el terreno con el
brazo - mi fortuna - pronunció lanzando una bolsa llena de diamantes al
muchacho que la abrió y miró asombrado, cosa que complació al Samurai Oscuro
pues creyó ver codicia donde sólo había sorpresa - y mi hija... - dijo
señalándola - para que hagas con estas tres cosas lo que te plazca.
El joven miró a la muchacha para ver
como reaccionaba, la cual le respondió con un gesto sugerente. - Sabía que por
tu edad sería esto último lo que más te interesaría - después de un momento
añadió - no te preocupes, sólo tendrás que tomarla por esposa y podrás disponer
de ella como te plazca, igual que de todas las mujeres de la isla. Incluso
podrás matarla si lo deseas - el malvado ser asqueaba al puro Kan que intentaba
darle la espalda aparentando mirar a la joven para que el despreciable ser no
pudiera ver su rostro - La verdad Kan. Creí que sería más difícil convencerte,
pero veo que eres inteligente.
Si yo estuviera en tu lugar sin duda
haría lo mismo que tú - dijo apoyando su mano en su hombro. Kan estuvo a punto
de tirar de esa mano y acuchillar a ese despreciable hombre con su puñal, pero
no le pasaban desapercibidos la docena de arqueros apostados sobre las palmeras
y decidió que ese no era un buen momento para morir. - ¿Qué es lo que tendré
que hacer? - Pronunció al fin Kan - Sígueme, te lo enseñaré - contestó Chang
partiendo. El joven comandante siguió sus pasos, pero una pequeña duda surgió
en la mente del Samurai Oscuro, había sido muy fácil, estaba convencido de que
le conseguiría pero... había sido demasiado fácil. Podía ser un engaño.
Por supuesto no quería mostrar sus
dudas en voz alta, esto podría causar la pérdida del joven pero sí pedir un
pequeño gesto, un gesto insignificante que mostrara la corrupción del alma de
Kan. Se frenó en seco, sacó una daga de entre su ropa y se la tendió al joven
que miraba el arma sorprendido. - Mata a mi hija - dijo sencillamente y para
reforzar la orden añadió - o yo te mataré a ti primero y luego a ella. Kan
palideció, la maldad de ese hombre era impensable, su alma parecía formada por
retazos de porquería, en ese momento el joven comprendió que el "Samurai
Oscuro" estaba totalmente loco... pero era increíblemente inteligente. Si
ahora se negaba sin duda moriría, pero no podía matar a la chica aunque de
haberlo hecho habría sido liberada de su loco padre. Kan tomó el puñal con
aparente decisión, tenía que pensar una salida a esta situación. Manejó las
opciones: Si mataba a la joven, ya no podría ser un Samurai nunca más, seguiría
vivo pero perdería su honor y no podría mirar a la cara a los seres que amaba.
Si no la mataba sin duda el moriría, y luego ella también moriría! Su negativa
sería en vano.
También podía intentar atacar a
Chang, quizás pudiera herirle, aunque dudaba poder matarle antes de caer
abatido por el sin número de flechas que dispararían contra él. Chang conocía
esta baza y por eso se sentía tan seguro, quizás incluso portase una armadura
debajo del kimono, una cota de mallas que le protegería de Shurikens, puñales y
flechas. La tensión era horrible, cuatro pasos más tarde ya había llegado a la
chica, esta estaba horriblemente pálida de puro terror, sus ojos estaban casi
desencajados de sus órbitas, quizás si hubiera huído habría podido salvar la
vida... no, está claro que entonces sería abatida por los arqueros. Kan notó la
horrible tensión en los músculos de su espalda, la misma espalda que horas
antes había masajeado Rosana, ansiaba estar allí a kilómetros de distancia,
seguro en el palacio cuando de repente... Antes de pensar más Kan actuó, pasó
rápidamente el puñal a la mano izquierda e imitando a un bandido que había
visto en cierta ocasión agarró a la muchacha por el pelo.
Odiaba tener que hacer esto pero era
la única forma de salvar sus vidas y era un mal menor comparado con la muerte.
Tirando del pelo de la joven y apoyando su puñal contra su estómago le retorció
la cara para que no pudiera mirarle a los ojos y la besó en un amago de
brutalidad fingida que esperó pareciese lo más real posible, después la tiró
sobre la misma sábana sobre la que minutos antes ella le había curado la herida
e intentando no vomitar por el horror que sentía empezo a deslizar el puñal
debajo de las ropas de la joven. - ¡MÁTALA! - Gruñó Chang entusiasmado -
¡MÁTALA Y TODO ESTO SERÁ TUYO! Ante la sorpresa del samurai oscuro, Kan no
hundió el puñal en la joven, sino que lo levantó rasgando sus vestiduras y
mostrando su desnudez. - ¿QUÉ HACES? - Gritó Chang - No te demores ¡MÁTALA! -
TE QUIERES CALLAR VIEJO LOCO - Gritó Kan indignado por la cólera, rápidamente
rectificó intentando sonar lo más amenazador posible, cosa que le fue fácil
gracias al odio que sentía contra ese ser inmundo - ESTÁS LOCO SI CREES QUE
MATARÉ A ESTE MANJAR ANTES DE HABERLO DISFRUTADO UN BUEN RATO ¡¡¡IDIOTA!!! -
Lágrimas de cólera e indignación recorrían la cara del joven, sin embargo el
silencio que surgió detrás de él le hizo pensar que su plan había dado
resultado. A su espalda Chang estaba complacido y horrorizado al mismo tiempo.
Él mismo había sugerido que lo que más tentaba al joven de su oferta era la
posibilidad de poseer a la hermosa beldad, esta había sido su primer y más
importante baza y en un descuido casi la había perdido! Si Kan cumplía su orden
y la mataba podía ser que perdiese su baza más importante y al chico.
El aparente intento de violación del
joven le había convencido de que tenía que conservar a su hija viva, además si
moría no habría matrimonio legal y las posesiones heredadas de Kan no serían
suyas tal y como había planeado! Chang no era capaz de comprender el ataque de
locura que le había estado a punto de costar su mejor baza. Hechó a correr
hacia la pareja y agarró al joven. Kan ya no podía seguir fingiendo, la cólera
era mayor de lo que podía aguantar, cuando sintió que Chang le tocaba lanzó un
empujón hacia atrás con su puñal que golpeó en un brazo a su contrincante, este
saltó hacia atrás aparentemente indemne y dijo: - Tranquilo muchaho, no tienes
que matarla, no hace falta, has superado la prueba - aseguró - puedes quedarte
con ella y podrás tomarla todas las veces que quieras, pero ahora tranquilízate
y marchémonos de aquí. Kan quedó paralizado, ya estaba dispuesto a morir y la
situación había cambiado completamente, una zona de su cerebro le dijo que su
estrategia había dado resultado y otra parte le informó que la cara de terror
de la joven debajo de él le asaltaría en sus peores pesadillas durante la
noche. Lo único que le tranquilizaba era el saber que había logrado salvar la
vida de la hija de ese loco.
Chang dejó que el joven, a cuatro
patas sobre la arena se tranquilizara. Pensó que tenía una gran debilidad por
las mujeres si había decidido arriesgar su vida sólo por tomar una vez a una
mujer. Chang en la oscuridad de su corazón, hundido en su propia deprabación no
podía entender que las lágrimas de Kan eran de indignación y no de cólera, y
que su acto había sido una muestra de pureza y valor, pues se había jugado su propia
vida para salvar la de una total desconocida que, sin duda, no habría dudado en
apuñalarle sin parpadear. - ¿Por qué me
quieres a mi? - Preguntó más tarde el joven comandante al ser perverso llamado
Chang. - Eres mi medio para salir de esta isla - explicó - tu padre ha sido
para mi el carcelero perpetuo, si saliese de mis dominios me abatiría con sus
ejércitos. Por su culpa no puedo dejar que mis ejércitos arrasen libremente los
pueblos, no puedo gobernar a mi placer las tierras y no puedo ofrecer nuevas
mujeres a mis hombres para pagarles su lealtad. Kan estaba asqueado al escuchar
las palabras de su adversario, pero escuchó atentamente, debía conocer el mal
para poder combatirlo igual que había hecho su padre durante toda su vida. -
Cuando te cases con mi hija - continuó Chang - uniremos legalmente el impero de
tu padre con mis dominios.
Entonces, tarde o temprano, tomarás
el mando sobre todas las tierras y yo reinaré en tu nombre Kan le miró
asombrado, su plan era de locos, irrealizable! Los Samurais seguían a su padre
por lealtad y amor. Nunca acatarían las órdenes de un ser despreciable como
Chang. El honor es el principio de todo Samurai! - Por tu mirada veo que ves la
inteligencia de mi plan - comentó el loco que vivía en su propio mundo de ilusiones
mentales - si algún samurai se niega a seguirme lo mataré igual que hago con
los que fracasan en mi ejército. Y aquel que exprese la más mínima duda será
expulsado de mi ejército y todas sus posesiones pasarán a formar parte de mi
tesoro personal - y en un alarde de cordura añadió - pero no te creas que te
seré desagradecido Kan, por tus servicios llevarás una vida cómoda, llena de
riqueza y sin responsabilidades. Te sobornaré con las más hermosas mujeres y
tendrás increíbles tesoros, sólo comerás los más deliciosos manjares y no
tendrás que preocuparte por nada. - Si alguna mujer tiene un embarazo que no es
de tu agrado sólo habrás que hacer como yo - dijo macabramente - mandarla matar
o, por el contrario, abortar, para poder disfrutarla otra vez hasta que te
canses de ella. - despues miró con una asquerosa mueca al joven que estaba
asqueado a punto de vomitar - Todo en este mundo está para que lo utilices,
mujeres, dinero, placer, sólo está ahí para satisfacerte, serás más poderoso si
lo tomas - y riéndose histéricamete cayó al suelo presa de un ataque de locura.
Kan no sabía que hacer,
Chang estaba tirado a sus pies, loco,
retorciéndose en extraños movimientos hasta que al fin se levantó. - Mira y
aprende como organizo yo a mi ejército joven yerno. El campo de entrenamiento
era un enorme círculo de piedra natural por el que corrían pequeños ríos de
lava. Los Samurais Renegados luchaban salvajemente entre ellos con un
salvajismo antinatural. Kan impresionado pensó que una reyerta se estaba
produciendo, quizás sería su momento de escapar.
Después de mirar al desalmado que
tenía a su lado se dio cuenta de que era algo normal, quizás una sesión de
entrenamiento común y corriente. - Como ves son todos novatos - proclamó Chang
- están intentado sobrevivir para alistarse en mi ejército - El joven le miró
impresionado y escandalizado, tal y como él había pretendido - mis técnicas no
son tan blandas como las de tu padre, querido yerno. Yo sólo admito a los
mejores entre mis filas - rió - todos los que se alistan en mi ejército lo
hacen bajo promesas de riquezas y mujeres sin paragón. - después de un momento
continuó - sin embargo para ello primero han de entregarme todas sus posesiones
- afirmó categóricamente - después lucharán a vida o muerte entre ellos, sólo uno
de cada veinte tiene éxito y pasa a formar parte de mis exquisitas filas, el
resto - dijo quitándole importancia con un gesto - muere o como poco queda
desfigurado o mutilado. Sólo a cambio de un rescate pagado por sus familiares
permitimos que retorne vivo a su región.
Kan le miraba con los ojos totalmente
abiertos, no podía creer lo que oía, ese hombre arruinaba la vida de todos los
que tomaban contacto con él, los que así lo hacían perdían sus posesiones, su
honor y en muchos casos, la vida. Era más peligroso aún de lo que había creído
en un primer momento. - ¿Qué haces con el dinero que recaudas? - preguntó Kan -
Oh! No creas que lo tiro ayudando a otros como hace tu padre - comentó - lo
utilizo para aumentar mis posesiones y cubrir de oro a aquellos que regresan
con éxito de las misiones que les mando. - después de un momento de duda añadió
un ejemplo - De los dos hombres que te trageron hasta mí, a uno le pagué su
peso en oro y ahora tiene una fortuna suficiente para vivir cinco vidas
opulentamente... si no lo desperdicia como seguramente hará. - ¿Y el otro? -
Preguntó inocentemente el joven - El otro fue ejecutado - dijo como si no
tuviera importancia - mis órdenes eran claras, traerte ileso.
El muy imbécil te irió con el remo
incumpliendo mis órdenes y pagó el error con su vida - después sonriendo añadió
- también todas sus posesiones han sido confiscadas, incluidas sus mujeres
jóvenes. Las que eran demasiado viejas, como su madre, han sido pasadas por la
cuchilla - y reafirmó sus palabras gesticulando como el mismo degollaría a una
persona. Kan estaba horrorizado, ese hombre despreciable estafaba y asesinaba a
sus propios soldados. Gobernaba por el miedo, no comprendía como nadie podía
seguirlo... pero después de mirar atentamente la escena que se desarrollaba
debajo de él comprendió que todos los miembros de su ejército eran tan
despreciables como él, deseaban poder y riquezas, sin importarles los medios
para conseguirlos.
El camino del robo, la estafa y la
rapiña era un camino rápido... pero acabaría trayendo la desgracia del que lo
siguiera. Hasta ahora Chang había conseguido sacrificar a otros para salvarse a
si mismo pero su suerte estaba a punto de terminar. - ¿Nunca se ha revelado
ningún soldado? - preguntó el joven - Sí, en muchas ocasiones - reconoció Chang
sin importarle - de vez en cuando algún comandante se sentía engañado, antes
trabajaba más en las sombras - explicó - predicaba buena voluntad y con el
tiempo iba, poco a poco, corrompiendo a mis soldados.
Eso me permitía actuar en terrenos
abiertos sin tener necesidad de estar escondido como estoy ahora - después de
un silencio dramático añadió - tu padre fue uno de esos soldados, el creyó
todas las paparruchas que le dije sobre el honor, parece que ya las llevaba
dentro, pero cuando quise corromperle creó una rebelión, me traicionó en nombre
de ese estúpido honor y - comentó con una mueca de desagrado - creó el imperio
que ahora regenta expulsándome a esta isla, el único lugar seguro que existe
para mi.
Ahora actuo directamente, escojo sólo a los seres más deprabados para enseñarles una parte de las artes samurais. Kan miró extrañado al hombre -¿Por qué sólo una parte? - preguntó el joven - Así me es más facil controlarlos - explicó el estúpido ser - me conservo más poderoso que ellos para que me teman. - Pero si les enseñas todo lo que sabes tu ejército sería mucho más poderoso - replicó el Comandante Samurai - ¿No te beneficiaría eso más aún? ¡Así es como trabajamos en el campamento! Lo enseñamos todo, de esta forma al crecer el poder del individuo crece el poder del equipo! - Eres imbécil - le espetó Chan directamente - si les enseñas todo lo que sabes podrán volverse contra ti y matarte para tomar el mando. Aún eres muy joven para comprender.
Ahora actuo directamente, escojo sólo a los seres más deprabados para enseñarles una parte de las artes samurais. Kan miró extrañado al hombre -¿Por qué sólo una parte? - preguntó el joven - Así me es más facil controlarlos - explicó el estúpido ser - me conservo más poderoso que ellos para que me teman. - Pero si les enseñas todo lo que sabes tu ejército sería mucho más poderoso - replicó el Comandante Samurai - ¿No te beneficiaría eso más aún? ¡Así es como trabajamos en el campamento! Lo enseñamos todo, de esta forma al crecer el poder del individuo crece el poder del equipo! - Eres imbécil - le espetó Chan directamente - si les enseñas todo lo que sabes podrán volverse contra ti y matarte para tomar el mando. Aún eres muy joven para comprender.
El verdaderamente idiota era el
maligno Chang, no comprendía que la lealtad de los hombres se conseguía por
medio de unos actos justos y un honor increbrantable. No era capaz de
comprender que para recibir primero hay que dar. En su egoísmo sólo se
debilitaba y eso causaría su caída. - Ahora serás tú quien ha de pelear - dijo
de repente el retorcido ser - ¿Qué? - preguntó atónito Kan - Sí, has de pelear
contra 20 de mis comandantes, si matas a alguno tomarás su puesto en mi
ejército. - despues añadió - Si mueres mis planes se verán frustrados, tendré
que matar a mi hija, pues ya no me será de utilidad y planear alguna otra forma
de conquistar el imperio de tu padre - dijo resignado - pero no permitiré que
un débil forme parte de mi ejército.
Kan tragó saliva, el viaje había sido
algo horrible y las últimas horas habían sido agotadoras para él. Intentó
despejar su mente y midió el estado de sus músculos. En ese momento agradeció
infinitamente los cuidados de Rosana, gracias a ellos tenía los músculos
totalmente descansados y en forma, su agotamiento sólo era mental, con tres
minutos de relajación estaría perfecto. - Sígueme, te espera el triunfo o la
muerte en mi casa de reposo, ahí te batirás en duelo. - A una orden del oscuro
sus veinte comandantes formaron guardia detrás del joven, estaban nerviosos pues
uno de ellos moriría hoy, el corto trecho hasta la casa serían los últimos
momentos de uno de ellos. - ¿Por qué veinte comandantes? - Preguntó extrañado
Kan - Yo no tengo en cuenta las idioteces del trabajo en equipo como tu padre -
replicó Chang mientras andaba - mi número de comandantes es infinito, todo
aquel que consiga sobrevivir hasta llegar a ese puesto será bienvenido.
Kan no respondió, cada vez veía con
más claridad que el ejército de renegados era mucho más frágil de lo que
parecía, relajó su mente para aprovechar el corto trayecto para descansar y
prepararse para la batalla. Era una sencilla técnica Samurai de nublar su vista
privándola de los detalles más relevantes limitándolo a simples formas para
aumentar su percepción en movimientos, lo cual le otorgaba un relajamiento
completo, una forma de lucha mecánica y una percepción infinitamente mejor para
la lucha. A medio camino paró, había sentido algo familiar en las cercanías, no
era capaz de explicarlo pero antes de que Chang pudiera invitarle a continuar
se dobló hacia un lado aplicando una terrible patada lateral contra el oscuro
ser. Los veinte comandantes tardaron sólo un segundo en reaccionar,
desenfundaron sus espadas dispuestos a lanzarse sobre el joven. Sin embargo
temiendo represarias por su amo y señor esperaron a que la orden fuera dada.
Entonces ya era tarde, seis samurais salieron de la maleza y de un salto se
colocaron entre las filas enemigas.
Kan en su estado actual no era capaz
de ver más que formas, sin embargo reconoció los destellos arcoiris de la
Katana doble diamante de su padre ¡Había esperanza! Entusiasmado el joven
intentó aclarar su vista lo suficiente para ver a su primer Samurai, Omius,
apodado "el Invencible" portando su enorme espada bastarda de doble
puño, era un arma terrible que de un solo tajo desgarró a dos de sus
contrincantes. También luchaba la bella Escila, portaba una elegante armadura
que dejaba al descubierto más piel de lo que Kan habría considerado óptimo para
una prenda de ese estilo, sin embargo la sutil técnica parecía tener su razón
de ser, en ese momento su contrincante bajo su mirada un poco más abajo del
rostro de la joven para admirar sus formas en un mero acto reflejo. Eso era
todo lo que necesitaba la joven que aprovechó el despiste de su contrincante
para hundir su espada Katana en un golpe mortal... técnicamente no muy bueno,
pero mortal de necesidad. Poco más pudo ver Kan pues sintió un movimiento a su
espalda.
Se reprendió por haberse distraído y
se arrojó al suelo rodando imprebisiblemente para un lado, eso le salvó la vida
pues dos Shurikens pasaron por donde, momentos antes, había estado su cuerpo.
Los dos Shurikens siguieron su camino hasta enterrarse en la espalda de uno de
los comandates de Chang, sin duda las armas debían estar envenenadas, pensó,
pues el comandante cayó muerto en el sitio. El joven comandante Samurai se
levantó de un salto y miró fijamente a su contrincante. Este lucía una perversa
mueca en su cara seguro de su victoria sobre el joven. Kan recordó las palabras
de Omius "Al enfrentarse a la muerte, el que está listo para morir
sobrevivirá, mientras que el que quiere vivir a toda costa morirá", se
tranquilizó y se mostró lo más seguro que podía. Entrecerró sus ojos y
sonriendo alegremente se lanzó al ataque con la misma alegría que se lanzaría
en un ensayo.
Chang quedó consternado, la seguridad
del joven era increíble, en vez de temer por su vida, como él había supuesto,
se mostraba feliz igual que si esto sólo fuera un juego para él. El Samurai
Oscuro había oído grandes azañas sobre el muchacho los últimos días, como había
vencido a su asesino... ¿Podrían ser verdad? Un pésimo presagio recorrió su
columna vertebral e incapaz de defenderse de puro miedo cruzó los brazos sobre
su cara en un patético intento de defenderse. Kan no creía lo que veía, su
sonrisa aumento más aún, en vez de parar el golpe su contrincante se cubría
como una niña. El joven impulsó aún con más fuerza su katana lanzando un tajo
transversal directamente al estómago de su oponente. Su espada dio en el
blanco, cortando el kimono alegremente y... ¡Chocando con algo duro! Kan
retrocedió para fijarse mejor. El villano tenía una cota de mallas
protegiéndole debajo del kimono, esto no lo había previsto Kan y era muy grave,
la cota ni siquiera había sido arañada por la afilada espada Katana del joven.
Y era normal, la Katana era un arma cortante, una cota de mallas sólo era
vulnerable a las armas penetradoras, con punta como una espada corta o un
estilete. Sin embargo la Katana de Kan no tenía ninguna punta, contaba con un
maravilloso filo... totalmente inútil contra la armadura de su enemigo. Incapaz de rendirse Kan atacó a las piernas del
enemigo y lanzó varios tajos rápidos en todas direcciones.
Como resultado de su rápido ataque el
Kimono del enemigo quedo completamente destrozado, sin embargo una extraña cota
de mallas cubría todo su cuerpo. Sin duda era de una exquisita calidad pues no
había sufrido ni un arañazo, si contase con algún arma penetradora... pero no,
el puñal lo había abandonado en la playa ¡Sería estúpido! Chang estaba allí
delante de él lloriqueando como una niña y él era incapaz de herirle. En ese
momento el Samruai Oscuro se dio cuenta de que aún estaba vivo, miró hacia
abajo y recordó la armadura que cubría su cuerpo, le había costado dos bolsas
de los más puros diamantes pero había válido la pena. Recuperando la confianza
miró a Kan y vio que sólo contaba con una Katana, un arma terrible... pero
totalmente inútil contra la cara cota de mallas que le cubría el cuerpo, de
haber sido de menor calidad seguramente habría muerto, pero ahora se sentía
casi invulnerable. - Parece que hoy moriras tú - dijo sonriendo, miró a la
batalla a su izquierda y vio que sus guerreros estaban cayendo, estaban en
clara desventaja contra los verdaderos Samurais. Estos eran un equipo mucho más
organizado y los comandantes oscuros, a pesar de estar en mayoría caían como
moscas.
Sin embargo la distracción sería
suficiente para acabar con el joven y huir rápidamente. En su huída disfrutaría
del dolor causado a Kazo, su ancestral enemigo. Chang se deshizo de los pocos
girones del Kimono que cubrían su cuerpo y tranquilamente tomó su Katana y
atacó al joven. Kan paró el ataque con facilidad. Un ataque siguió al otro,
cada vez más rápido, cada vez más preciso. El joven contaba con la rapidez de
la juventud y una energía sin tacha, el anciano con la experiencia de mil
batallas y la precisión de años de entrenamiento.
Pero encima Kan no podía hacer otra cosa que parar los ataques de su adversario, contraatacar sería inútil pues su armadura era totalmente impenetrable. Chang aumentó poco a poco la velocidad de sus golpes, hasta ahora el joven le había frenado cada golpe con habilidad, pero conocía su ventaja y sólo tenía que esperar a que un pequeño error por parte del joven fuera su perdición. Kan viendo que las cosas iban cada vez peor dejó que su mente inconsciente buscara una solución. Todo ataque hacia su armadura sería inútil, razonó, y de seguir frenando sus golpes moriría al primer fallo. Una gota de sudor bajó por su frente acercándose peligrosamente a uno de sus ojos, de dejar de ver no podría frenar los ataques de su enemigo y estaría a su merced.
Pero encima Kan no podía hacer otra cosa que parar los ataques de su adversario, contraatacar sería inútil pues su armadura era totalmente impenetrable. Chang aumentó poco a poco la velocidad de sus golpes, hasta ahora el joven le había frenado cada golpe con habilidad, pero conocía su ventaja y sólo tenía que esperar a que un pequeño error por parte del joven fuera su perdición. Kan viendo que las cosas iban cada vez peor dejó que su mente inconsciente buscara una solución. Todo ataque hacia su armadura sería inútil, razonó, y de seguir frenando sus golpes moriría al primer fallo. Una gota de sudor bajó por su frente acercándose peligrosamente a uno de sus ojos, de dejar de ver no podría frenar los ataques de su enemigo y estaría a su merced.
Parpadeó enérgicamente y se libró de
la gota... dando, sin querer, una idea a su enemigo. Kan en el último momento,
en vez de frenar un ataque giró su cuerpo hacia un lado esquivando el tajo, era
un movimiento muy arriesgado, la Katana le pasó a menos de un centímetro de su
cuerpo cortando el aire con una precisión aterradora, sin embargo el joven no
se dejó distraer, aprovechando su oportunidad lanzó un ataque... ¡Hacia la
empuñadura de la Katana! Chang reaccionó tarde, pensó que el joven se había
vuelto loco y pretendía romper de un golpe su espada por la empuñadura ¡Iluso!,
pensó. Pero cuando entendió el verdadero motivo ya era demasiado tarde para el
Samurai Oscuro. Un dolor frío como el hielo recorrió su mano derecha. Chang no
pudo reprimir mirar la fuente de su dolor y donde debía estar su dolorida mano
sólo había un muñón sangrante. El Samurai Oscuro miró en un repentino reflejo
al suelo, donde vio su propia mano, aún temblante, recostada patéticamente
sobre la tierra. Un chorro de una sustancia roja, ¿sería sangre?, caía sobre
ella. Un segundo después comprendió que era su propia sangre brotando a
borbotones de su brazo herido.
En un acceso de pánico soltó su Katana dejando sorprendido al joven - ¡Me rindo! - Gritó. Kan, hombre de honor, bajó su propia espada aceptando la rendición del hombre, el cual se arrojó hacia el suelo. En un principio el joven temió que fuera a recoger la espada caída y de una patada la alejó. Pero las intenciones del perverso samurai eran otras, agarró su mano e intentó colocársela como si sólo con juntar ambos lados se fuera a regenerar.
En un acceso de pánico soltó su Katana dejando sorprendido al joven - ¡Me rindo! - Gritó. Kan, hombre de honor, bajó su propia espada aceptando la rendición del hombre, el cual se arrojó hacia el suelo. En un principio el joven temió que fuera a recoger la espada caída y de una patada la alejó. Pero las intenciones del perverso samurai eran otras, agarró su mano e intentó colocársela como si sólo con juntar ambos lados se fuera a regenerar.
Obviamente no ocurrió nada y Chang
seguía sangrando. Los comandantes oscuros pararon de luchar al unísono como si
fueran marionetas cuyo titiritero hubiese muerto. Kan sonrió, contento por
haber salvado la vida y haber vencido. El joven comandante se agachó y alargó
su brazo libre hacia la herida de su adversario, debía vendarle la herida si no
quería que se muriera desangrado. A pesar de ser el ser más despreciable que
había conocido, Kan no podía desearle la muerte como no podía deseársela a
nadie. Incluso el malvado Samurai podría cambiar y pagar sus errores.
Chang se revolvió rápido como el viento, soltó su mano herida, agarró un puñado de tierra con su mano ilesa y lo lanzó hacia los ojos del joven. Kan quedó paralizado, no podía ver nada y los ojos le escocían. A punto estuvo de soltar su espada pero un ruido le informó que el oscuro samurai había recogido la suya del suelo. A su izquierda la lucha retomó su caliz cobrándose el grito de una joven. Kan temió que su joven Aprendiz, la bella Escila, hubiera perecido distraída. Sabiéndose un blanco fácil el joven se arrojó al suelo y rodó sobre si mismo para levantarse, aun sin ver, sobre un lugar desconocido. Al borde del pánico analizó la situación.
Chang se revolvió rápido como el viento, soltó su mano herida, agarró un puñado de tierra con su mano ilesa y lo lanzó hacia los ojos del joven. Kan quedó paralizado, no podía ver nada y los ojos le escocían. A punto estuvo de soltar su espada pero un ruido le informó que el oscuro samurai había recogido la suya del suelo. A su izquierda la lucha retomó su caliz cobrándose el grito de una joven. Kan temió que su joven Aprendiz, la bella Escila, hubiera perecido distraída. Sabiéndose un blanco fácil el joven se arrojó al suelo y rodó sobre si mismo para levantarse, aun sin ver, sobre un lugar desconocido. Al borde del pánico analizó la situación.
Estaba ciego, desamparado, a la
merced de los golpes de un enemigo furioso que era invulnerable a su espada. Un
nudo se solidificó en el estómago del joven, la cosa no podía ir peor, deseó
tener otra vez sus problemas cotidianos, el miedo al fracaso, los
entrenamientos diarios... todo le pareció poco comparados con la certeza de su
muerte. Estaba a punto de rendirse a la muerte cuando recordó sus propias
palabras "Quien no lo intenta, fracasa aún antes de empezar!" no
estaba dispuesto a dar su vida sin antes luchar con todos sus recursos,
reconoció que sus posibilidades eran pocas pero las exprimiría una a una hasta
la última ¡Seguiría luchando! No supo por qué pero su instinto le empujó a
levantar su Katana, el movimiento fue torpe e inseguro pero logró parar un
golpe mortal lanzado contra su cabeza, ¡La cabeza! pensó entusiasmado ¿Cómo no
se había dado cuenta antes? De haber sido así, podría haber cortado la cabeza
de Chang de un solo tajo de igual forma que había hecho con sus dedos. Ahora no
veía y sería más difícil pero... Dando una doble voltereta mortal sobre donde
creía que estaba su enemigo Kan aterrizó en el suelo y lanzó un tajo hacia
donde calculaba que estaría aún quieto el Samurai Oscuro, justo a la altura de
su cabeza. Sin embargo la espada sólo cortó aire. Sin que Kan pudiera saberlo
Chang había retrocedido después de que el joven parase su ataque temiendo que
hubiera recobrado su vista.
El Smaurai Oscuro había temido por su
vida al ver la acrobacia del joven, pero después de ver hacia donde había
atacado se dio cuenta de que aún estaba ciego. La oportunidad era única, Kan
estaba delante del él, su cuello ofrecía una diana perfecta y muy muy fácil.
Sin pensarlo otra vez lanzó un tajo mortal de necesidad, el que sería el último
golpe que lanzaría en el duelo. Kan actuó por instinto, si Chang no estaba
delante suyo... sólo podía estar en un sitio. No supo que es lo que le llevó a
tomar la decisión pero el momento no era para pensar, era su vida lo que estaba
en juego, todo su futuro, sus sueños, sus ilusiones, sus viviencias, sus
futuros hijos ¡Nada de eso tendría si moría! En un rápido movimiento se agachó
medio cuerpo haciendo descender sus piernas a la par que rotaba sobre si mismo
y lanzaba un arco cortante hasta donde le permitieron estirar sus brazos.
De los dos golpes sólo el de Kan llegó a su destino.
De los dos golpes sólo el de Kan llegó a su destino.
Aún teniéndolo todo en su contra, el
arrojo del muchacho le había impulsado a continuar luchando hasta vencer. De la
cabeza del pérfido Chang, el Samurai Oscuro brotó un extraño ruido al chocar
contra el suelo. La sangre salpicó al joven y le manchó el Kimono de una forma
muy desgradable, pero ni eso fue capaz de apaciguar la sonrisa que brotaba en
su cara. ¿Su motivo? No eran la victoria ni el ansia de sangre satisfecho,
sonreía por un motivo más importante que todos esos, sonreía porque era feliz.
Era feliz, simplemente, porque vivía. Cuando recobró la vista Kan vio a su
padre sentado al lado de la Bella Escila tapando su cuerpo desde su postura.
Omius retenía el sólo a los tres samurais Oscuros que aun quedaban vivos y entre
los otros Verdaderos Samurais reconoció al anciano mercader, al viejo sabio y a
Aki, que ahora mismo se acercaba hacia el joven preocupado. - ¿Estás herido? -
preguntó directamente con cierto temor en la voz. - ¡Estoy perfectamente! -
contestó alegremente dejando anonadado al General, sin perder un momento se
acercó a comprobar como estaba Escila - ¿Cómo está? - preguntó a su padre. -
Sobreviviré - contestó la misma Escila - uno de esos cabrones me pegó un buen
corte en la pierna. - dijo con furia mientras reprimía un chillido de dolor -
No es muy grave - comentó Kazo - pero cortó algo importante, sangra mucho, ya
le he aplicado un torniquete y estoy acabando de vendarla. - sobrevivirá...
¡Pero sólo si nos damos prisa! Kan quedó paralizado, el corte no parecía muy
profundo, pero la sangre fluía inundando los vendajes.
Él mismo apretó un poco más el
torniquete y pareció que la sangre dejaba de manar. Aún así reconoció la
urgencia, habrían de llevarla al campamento donde podrían curarla mejor. -
Marchemos ya! - exclamó alarmado - si vienen refuerzos nos entretendremos y
podría costarle la vida a Escila - su padre asintió e hizo amago de cogerla en
brazos. - Si me permite el honor - escuchó una voz grave detrás de él. El
general de generales miró hacia atrás y asintiendo con la cabeza se apartó.
Omius, mucho más joven y cuyos brazos tenían la fuerza de varios hombres era
mucho más apropiado para el trabajo. Así podrían moverse más deprisa. -
Señorita - dijo medio burlándose el guerrero mientras la tomaba en brazos -
espero que se encuentre cómoda. - Mucho - replicó Escila sonriente - pero esas
manitas quietas - añadió con un guiño - que te conozco. Por toda respuesta
Omius le lanzó una pretendida mirada ofendida y hechó a correr sin notar su
peso en la carrera, como si la samurai fuera una niña recién nacida ligera como
una pluma.
El resto del grupo siguió al guerrero
que iba en cabeza, Kan se orientó ligeramente y reconoció que iban hacia la
playa donde había despertado. - En esa playa hay arqueros! - exclamó alarmado -
nos abatirán! - Ya nos hemos encargado de ellos - dijo Aki al joven con un
guiño. - No estoy para estos trotes - exclamó el viejo sabio, a Kan le pareció
sorprendente como un poco de entrenamiento Samurai había hecho posible que el
achacoso clérigo hubiese vencido a unos jóvenes y pletóricos samurais
oscuros... igual que el anciano exMercader que poca menos edad tendría. - No te
quejes - contestó Omius - al menos tú no tienes que cargar con una mujer a
cuestas - rió alegre por haber recuperado sano y salvo a su joven comandante. -
¡Ni que estuvieramos casados! - replicó jubilosa la joven siguiendo la broma.
En poco tiempo llegaron a la playa, sin embargo la carrera había supuesto
demasiado para la Bella Samurai.
Escila había perdido la conciencia y
Omius temía lo peor. - No sé si aguantará el viaje por mar - dijo Kazo asintió
penosamente y el antiguo clérigo empezó a recitar una salmodia por lo bajo. Kan
frenó en seco, no podía creer que se rindiesen. ¡Era Escila! él no permitiría
que la joven diese la vida en su lugar. Mientras cruzaban la playa aún a la
carrera, el joven empezó a recordar algo que le pareció muy importante... ¿qué
era? Un rayo de luz acalaró su mente. - Seguirme! - gritó y cambió de
dirección. Los Seis Samurais restantes se miraron unos a otros y por fin
siguieron al joven. Este los condujo hasta una manta tendida en el suelo donde
les ordenó tumbar a la Samurai. Kan oteaba nervioso los alrededores, había
estado seguro de que aún estaría allí, era su única posibilidad. ¡Tienes que
estar! gritó mentalmente.
Como conjurado por su mensamiento
pudo divisar un leve movimiento entre dos arbustos no muy lejanos, sin pensarlo
saltó hacia ellos y agarró a la joven situada entre ellos para que no pudiese
escapar. - Te necesito - Dijo Kan a la bella hija de Chang - ¡Ahora! - y sin
mayores delicadezas la arrastró hasta la rica sábana tendida en el suelo que ya
estaba tiñéndose por la sangre de la mujer. Por un momento la muchacha dudó,
luego miró a los samurais y en una repentina decisión escrutó la herida de la
joven. - Hacer un fuego - ordenó sencillamente. Omius fue el primero en
reaccionar, corrió hacia el bosque y en menos de dos minutos ya había montado
un pequeño montón de ramas al que añadió un trozo de seda blanca que encontró
tendida en el suelo. Prendió el conjunto con su yesquera y avivó el fuego para
crear una llama fuerte. - ¿Para qué lo quieres? - preguntó Kan inocente - Dadme
una daga - ordenó la joven sin contestar a la pregunta.
Kazo dudó un momento, había
reconocido en la joven los rasgos de su malvado padre, pero viendo que no tenía
otra opción que confiar en ella le tendió una exquisita daga adornada de oro y
piedras preciosas, la muchacha pensó que era una pena estropear una belleza así
pero hundió su hoja en lo más caliente del fuego encendido. Cuando la hoja se
había tornado totalmente roja retiró los vendajes de la pierna de la hermosa
samurai, con lo que la sangre brotó fuertemente. Con precisión la rubia beldad
de ojos verdes tomó la daga del fuego y posó la parte plana, al rojo, sobre la
herida, cauterizándola automáticamente, quemando piel, músculo y venas.
Formando una costra que seguramente
nunca se iría. Pensó que a la mujer no le gustaría contar con esa herida en
sus, hasta ahora, perfectas piernas. Pero de nada le servirían sus bellas
piernas si moría. Aplicó otra vez la daga, por la otra cara, contra la herida,
esta vez más rápidamente y la herida cortante había desaparecido, en su lugar
había una fea quemadura que duraría mucho tiempo y le causaría graves dolores a
la bella Samurai, pero sin duda viviría.. - Vivirá - dijo sencillamente la
joven. - teneis que dejar reposar la quemadura durante dos minutos exactos,
después habréis de calmarla con agua de mar. Eso la desinfectará - dijo
poniendo una desgradable mueca - pero también le dolerá en extremo. Antes de
que acabe el día renegará por no haberse muerto y tener que soportar ese dolor.
- Mucha gracias - dijo al fin Kan tranquilizado. - No me las des - contestó la
joven mirándolo curiosamente, seguramente porque tenía todo el rostro teñido de
rojo por la sangre - Soy yo la que te he de dar las gracias. - ¿Por qué? -
preguntó Kan - después de lo que te hice... - fue incapaz de acabar la frase
recordando como hacía sólo unas horas había intentado forzar a la muchacha.
La joven sonrió y le miró dulcemente.
- No soy tonta - dijo al fin - me salvaste la vida - y mirándolo cariñosamente
añadió - ningún hombre llora de rabia cuando fuerza a una mujer, estoy
acostumbrada a ver la mirada de los hombres de mi padre mientras hacen cosas
similares - dijo restándole importancia - arriesgaste tu vida para salvar la
mia - después de una breve pausa sacó la duda que la corroía - ¿Por qué lo
hiciste? Sólo tenías que matarme y tu salvarías tu propia vida ¿Tanto te he
gustado? - preguntó intrigada. - No es eso - contestó sencillamente Kan - no
eres fea en absoluto. Simplemente no dejaría que muriese ningún inocente. - Es
un Samurai - dijo Omius como si eso lo explicara todo - Un Verdadero Samurai -
recalcó La muchacha quedó pensativa, toda la vida había pensado que los
Samurais eran como su padre, seres temibles que sólo buscaban su propio
beneficio, pero delante de sus ojos tenía la prueba de lo contrario, lo que es
más, el acto de Kan había sido el acto más hermoso y desinteresado que ella
nunca había contemplado.
Quizás a otra mujer le resultara una experiencia traumática la situación, pero ella había sabido durante toda su vida que su padre bien podía entergarla en recompensa a algún vasallo que le satisfaciera, además enseguida había comprendido que aquello era una farsa destinada a salvarle la vida, en ningún momento Kan la había tocado más que los hombros, la había tirado del pelo sí, pero muy suavemente, y el beso había sido totalmente finguido ni siquiera había acertado en la boca, estaba muy claro que todo había sido una interpretación... ¡Y muy mala! Lo que más le había extrañado a la joven habían sido las lágrimas de cólera e indignación que recorrían la cara de Kan mientras interpretaba la farsa, aunque en realidad nada había hecho, el solo pensar en la escena le había indignado aun sabiendo que era la única forma de que ambos conservasen la vida.
Quizás a otra mujer le resultara una experiencia traumática la situación, pero ella había sabido durante toda su vida que su padre bien podía entergarla en recompensa a algún vasallo que le satisfaciera, además enseguida había comprendido que aquello era una farsa destinada a salvarle la vida, en ningún momento Kan la había tocado más que los hombros, la había tirado del pelo sí, pero muy suavemente, y el beso había sido totalmente finguido ni siquiera había acertado en la boca, estaba muy claro que todo había sido una interpretación... ¡Y muy mala! Lo que más le había extrañado a la joven habían sido las lágrimas de cólera e indignación que recorrían la cara de Kan mientras interpretaba la farsa, aunque en realidad nada había hecho, el solo pensar en la escena le había indignado aun sabiendo que era la única forma de que ambos conservasen la vida.
En ese momento la hija de Chang
descubrió que no todo el mundo era como su horrible padre, descubrió que en el
corazón de todo Verdadero Samurai había una bondad y una pureza que la
extrañaban y la entusiasmaban a la par. Ella nunca podría llegar a guardar tal
bondad pues toda la vida había crecido entre la más pura maldad y perversión.
Sin embargo decidió que quería salir de aquella maldita isla y descubrir el
mundo, con sus defectos y sus virtudes. Sin duda lo que le esperaba ahí fuera
sería un paraíso de bondad comparado a la vida que había llevado hasta el
momento. Los que vivían en un mundo normal no sabían que tesoro poseían. Por fin
despertó la bella Escila, según despertó gritó de dolor y miró extrañada a los
alrededores. - ¿Estamos esperando al enemigo? - preguntó - lo digo porque aquí
tumbada me voy a perder la diversión. La tensión acumulada en las últimas horas
hizo que todos estallaran en sonoras carcajadas. Omius agarró a la Samurai
enrollándola en la sábana y todos partieron hacia la barca que les esperaba.
Al llegar Kan se fijó en que dos
Samurais más les estaban esperando con los remos listos. Todos montaron uno a
uno en la barca, incluida la hija de Chang a la que nadie replicó nada porque
subiera por propia iniciativa. - ¿Qué harás ahora? - Preguntó Kazo a la joven.
- Iré a recorrer mundo - contestó ella - deseo explorar todo lo que me negó mi
padre. - ¿Por qué no te haces Samurai? - replicó la herida Escila desde el
fondo de la barca pues tenía la costumbre de no perder ni una sola oportunidad
de reclutamiento. - No es lo que deseo - replicó sonriendo la joven ante la
idea de que ella fuera una Samurai - tengo mucho que aprender del mundo y deseo
hacerlo por mi propio pie. - Te enfrentarás a muchos peligros - aseveró el
Viejo Sabio - ¿Te crees que mi padre era un payaso de circo? - contestó ella
indignada - Se defenderme tan bien como cualquier guerrero y he vivido situaciones
mucho más peligrosas que ninguno de vosotros - aseveró, y después de mirar a su
salvador rectificó - sin contar a Kan, claro.
El joven se sintió alagado por el
comentario, pero dudó que tanto su padre como Omius o el propio Aki no hubiesen
vivido situaciones igualmente peligrosas, pero nadie replicó nada. Por toda
respuesta Kazo lanzó una bolsa llena de monedas de oro a la joven. - Toma -
ordenó - con ese dinero podrás vivir una vida cómoda sin pasar jamás necesidad
- aseguró - compra unas tierras y adminístralas bien y podrás doblarlo. -
Gracias - dijo ella - pero no quiero caridad - contestó orgullosa tendiendo la
bolsa - ya me las arreglaré - aseveró, aunque no tenía ni idea de cómo. - No es
caridad - contestó inteligentemente el general de generales acostumbrado a esas
muestras de orgullo - considéralo un pago justo por salvar la vida de mi
compañera samurai - añadió señalando a Escila en el suelo, la cual respondió
calladamente con una media sonrisa.
La joven se lo pensó mejor y sujetó la bolsa al fino cinturón de cuero que lucía en su cintura. Kan dándose cuenta de que la muchacha casi no llevaba ropa se quitó su propia chaqueta y se la tendió a la joven, esta la cogió agradecida, empezaba a tener frío por la brisa marina. Contenta vio que la parte superior del Kimono de su salvador le llegaba hasta un punto entre su cadera y sus piernas, como si fuera una especie de sexi vestido Samurai.
La joven se lo pensó mejor y sujetó la bolsa al fino cinturón de cuero que lucía en su cintura. Kan dándose cuenta de que la muchacha casi no llevaba ropa se quitó su propia chaqueta y se la tendió a la joven, esta la cogió agradecida, empezaba a tener frío por la brisa marina. Contenta vio que la parte superior del Kimono de su salvador le llegaba hasta un punto entre su cadera y sus piernas, como si fuera una especie de sexi vestido Samurai.
Se ciñó un poco más la tela a la
cintura y sonrió al ver la tierra ya en el horizonte. Poco después estaban ya
entrando en la playa. La hija de Kan, temerosa de que la retenieran saltó a
tierra y se despidió de todos con una mano mientras corría. Su pelo ondeando al
viento fue lo último que Kan vio de su falsa prometida. Después montaron de
regreso al palacio en las rápidas cuádrigas Samurai que les habían traído, por
tierra, hasta el mar. El viaje de ida había sido de sólo unas horas, o eso
pensaba Kan que había estado inconsciente la mitad del trayecto. Pero el viaje
de vuelta les llevó el resto de la tarde y toda la noche.
Los Samurais se turnaron en conducir las cuádrigas, a paso ligero para no agotar a los caballos que llegaron al límite de sus fuerzas al despuntar la madrugada, por suerte para entonces ya habían llegado al palacio, donde un alegre Gui y una preocupada Rumiko acompañaban a una espectante Rosana vestida con una bellísima seda azul cielo, un poco más pálida que el cielo y también algo más brillante.
Los Samurais se turnaron en conducir las cuádrigas, a paso ligero para no agotar a los caballos que llegaron al límite de sus fuerzas al despuntar la madrugada, por suerte para entonces ya habían llegado al palacio, donde un alegre Gui y una preocupada Rumiko acompañaban a una espectante Rosana vestida con una bellísima seda azul cielo, un poco más pálida que el cielo y también algo más brillante.
Kan saltó impaciente de la cuádriga
aún en marcha, a causa del cansancio y la falta de sueño casi se torció un
tobillo al aterrizar en falso, ignorando el tropiezo se levantó y se echó a la
carrera hacia su prometida, la cual ya corría hacia él. Ambos se abrazaron
temiendo volver a separarse. Estaban vivos y juntos, lágrimas de felicidad
cubrieron la cara de los jóvenes amantes. - Estás asqueroso - dijo entre risas
la joven después de besarle. El Comandante Samurai quedó paralizado, se había
esperado cualquier cosa... !menos eso¡ Se miró de arriba a abajo sin soltar a
la joven y pensó que "asqueroso" era un calificativo muy amable.
Tenía el pelo pringoso por el sudor y la sangre, la cara estaba cubierta de
negros coágulos, tenía el pecho desnudo y cubierto de sudor y polvo del camino,
incluso sus pantalones estaban embarrados y endurecidos.
Entre risas escuchó a su madre decir
muy seria y ofendida al general de generales "No, no, tú a mi no me tocas
hasta que te pegues un buen baño!" "Pero cariño, acabo de venir de
una batalla, he salvado a nuestro hijo" replicaba el general "Sí, sí,
todo eso y además lo que quieras" contestó Rumiko "Pero eres un
guarro indecente General Samurai!" Kan miró de reojo a sus padres y no se
sorprendió al ver como, a pesar de sus palabras, su madre se lanzaba sobre su
padre para abrazarlo posesivamente... justo antes de decir por lo bajo "Ya
me puedes ir comprando un vestido para enmendar que tenga que tirar este"
Una sonrisa cruzó la cara del General y de su hijo, ya comandante, conocedores
del amor de su madre por la ropa. "Por cierto, me han recomendado un
tratante de telas buenísimo..." aprovechaba a comentar Rumiko a su esposo
mientras entraban en la casa. - ¡Que bonita escena! - replicó Escila
irónicamente - y a la herida que le parta un rayo! - añadió ofendida. - Si
quieres que alguien te abrace yo me ofrezco voluntario - tronó contento Omius -
Si te acercas te cerceno un brazo - amenazó la bella samurai - conozco
perfectamente tu fama, algunas de mis samurais aseguran que debes de tener,
como poco, cuatro o cinco. - En ese caso, por uno tampoco me pasará nada -
replicó sonriente el guerrero, que sin embargo no se acercó. - ¿Qué te paso? -
preguntó Rosana preocupada - Un indeseable me lanzó un tajo en la pierna - dijo
señalando la herida - y estos bestias acabaron su trabajo tostándomela como si
fuera un trozo de pan y dejándome una marca que estropeará mi figura para toda
la vida - añadió sinceramente enfadada - eso si no me mata de dolor la
puñetera. Kan pensó que debía dolerle horrores para que Escila, famosa por su
dulzura, tuviera el lenguaje de un borracho de taberna.
Después recordó que durante mucho
tiempo la Samurai había sido camarera en tabernas algo dudosas. - Sí que es fea
- reconoció Rosana - Tú para encima recálcalo - replicó la Samurai más triste
que ofendida. - Pero tiene solución - siguió la joven - unas compresas de
Sabila te calmarán el dolor. - ¿De qué? - Preguntó la samurai interesada -
Sabila, Aloe Vera. - explicó la joven - es una planta medicinal muy utilizada
en el lejano Egipto. Mi padre me llevó allí cuando tenía apenas seis años y
recuerdo como la usaban para que los soldados se recuperaran de las peores
mordeduras del Sol - ante la insólita mirada de la Bella Escila, añadió - En
esas tierras el Sol es mortal, si te descuidas acabas tostado como si te
hubieras tendido en una hogera. - Pero seguro que será muy difícil conseguirla
- tanteó Escila - ¡Qué Va! - contestó - en casa tenemos a montones, según creo
el Aloe crece en casi todo el mundo sólo que hay que saber diferenciar cual es
la especie que se necesita.
Kan, crees que podrás conducirnos en
la cuádriga hasta casa de mis padres? Allí me será muy fácil curar a tu
aprendiz. Por toda respuesta el joven saltó a la cuádriga donde estaba Escila
tendida y después de ayudar a subir a su prometida azoró a los caballos hasta
que llegaron a la misma puerta de la casa del cocinero. Rosana saltó corriendo
de la cuádriga y, después de desaparecer en la casa unos minutos, regresó con
una hoja de cactus de una braza de tamaño. También tenía un limón en su mano
dentro de un cazo y unas vendas.
Cuidadosamente posó el cazo en la tierra, exprimió un poco la hoja, de
la que brotó una savia transparente y brillante.
Después metiendo los dedos dentro de
la hoja extrajo la pulpa, brillante y pastosa pero de una sola pieza, la arrojó
en el tarro y exprimió el limón encima de la mezcla, revolviéndola
cuidadosamente con su mano. Debido a la sensibilidad de la herida Rosana
decidió aplicar primero parte del líquido utilizando su propia mano. Escila,
según sintió el néctar en su piel vio las estrellas, aquello dolía increíblemente.
- Es el primer efecto - explicó la joven - primero escuece porque está
limpiando la herida, en cuanto penetre un poco notarás que se calma el dolor. Y
así fue, unos segundos después el dolor fue mitigándose y Rosana limpió la
herida dos veces más, estas fueron totalmente indoloras. Escila no acababa de
creérselo cuando la joven levantó un poco la pierna de la Samurai pidiéndole
que la mantuviese en esa postura.
Kan la ayudó sujetando el peso de la
pierna por el pie mientras la joven sanadora tomaba la pulpa, aún de una sola
gelatinosa pieza, y la colocó suavemente en contacto con la herida. Después
impregnó las vendas con el líquido que quedaba y realizó un vendaje de tal
forma que mantenía apretada la pulpa contra la herida. Satisfecha se secó las
manos y ordenó bajar la pierna cuidadosamente. - Ahora te llevaremos a tu
tienda, hasta mañana por la tarde no debes andar, haz que te atienda alguna de
las samurais de tu equipo - al ver que la mujer fruncía el ceño añadió - es muy
importante, si lo haces como te digo cabe la esperanza de que el Aloe haga
desaparecer la herida como si nunca hubiese existido, sino tendrás una pierna
horrible para toda la vida.
La Bella Escila, atemorizada, asintió con la cabeza. - Mandaré a buscar a mi madre, te repetirá el tratamiento cada seis horas durante una semana. Pero recuerda que hasta que pase todo un día no debes caminar. - Te lo prometo - aseguró totalmente convencida la Samurai.
La Bella Escila, atemorizada, asintió con la cabeza. - Mandaré a buscar a mi madre, te repetirá el tratamiento cada seis horas durante una semana. Pero recuerda que hasta que pase todo un día no debes caminar. - Te lo prometo - aseguró totalmente convencida la Samurai.
Después de dejar a la Samurai en su
tienda, los dos prometidos fueron a dar un paseo por el bosque siguiendo el
riachuelo cercano al comedor Samurai. - Estás muy hermosa - dijo al fin Kan -
Gracias, no se puede decir lo mismo de ti - contestó ella jugetona. Kan rió
sonoramente ella continuó diciendo - es la tela que me regalaste. El asintió la
había reconocido, pensó que Huno, el mercader que le había vendido la pieza,
conocía verdaderamente su trabajo. Aquel color le quedaba maravillosamente.
Kan, en un impulso se arrojó al riachuelo, el agua estaba fresca y el Sol ya
calentaba lo suficiente en el cielo como para secarle cuando saliera. - Así no
estaré más asqueroso - gritó él - Con toda esa sangre, dudo que se te quite
sólo por el agua - contestó ella desde la orilla divertida. - Ven pues a
ayudarme - gritó desde el agua.
La joven dudó un momento, no quería
estropear la seda con el agua y no tenía ningún bañador cerca. - Date la vuelta
- Ordenó ella Kan obedeció, le resultaba curioso esa costumbre de la chica,
pero no le importaba. Sólo le importaba que estaban juntos, que los dos estaban
vivos y que la vida era preciosa. Miró al Sol deslumbrante en el cielo azul
feliz de disfrutar cada momento de su vida. Se había ganado esa felicidad y
estaba dispuesto a disfrutarla sanamente. Escuchó un ligero chapoteo a su
espalda. - Ya puedes mirar - dijo Rosana. Kan obedeció dándose la vuelta...
¡Pero no había nadie! Escrutó el bosque sopesando la posiblidad de otro ataque
sorpresa ¿Acaso no podría descansar nunca? De repente se vio impulsado hacia
abajo, con la sorpresa tragó agua y casi se queda sin aire. Abrió los ojos para
ver a una bella ninfa bajo el agua, su negro pelo ondulaba como si tuviera vida
propia, la palidez de su piel rosada hacía un hermoso contraste con las piedras
del fondo y sus negros ojos le invitaban a perderse en sus profundidades.
Si no fuera por su sonrisa, pícara y
jugetona habría asegurado encontrarse ante una de las leyendas más famosas y
mortales de su tiempo, una verdadera ninfa.
El joven, sin darse cuenta, como si estuviera poseído por un hechizo, había estado largo rato mirando a la joven, bajo el agua, sin respirar. En ese momento sus pulmones se agitaron pidiendo aire. Kan no contaba con ningún punto de apoyo para impulsarse hacia arriba, el fondo estaba aún a un metro, la superficie a metro y medio y Rosana le mantenía agarrado suave pero posesivamente por la mano. Kan intentó nadar hacia la superficie, pero la joven, dándose cuenta de su problema le frenó y le atrajo hacia ella. Kan pensó que ya era demasiado alargar así la broma, pero antes de poder moverse se encontró con los labios de la muchacha en su boca. "¿Qué mejor forma de morir?" Pensó y juntó sus labios a los suyos. Cuando ya empezaba a desmayarse percibió la verdadera intención de la muchacha y, agradecido, tomó aquellas burbujas de aire que le ofrecía. Sólo fue un pequeño bocado de aire, pero fue suficiente para que la cordura retornara a la mente del Comandante Samurai, que lejos de soltarse abrazó con más fuerza a la joven y correspondió su beso vital. Momentos después estaban ambos en la superficie.
El joven, sin darse cuenta, como si estuviera poseído por un hechizo, había estado largo rato mirando a la joven, bajo el agua, sin respirar. En ese momento sus pulmones se agitaron pidiendo aire. Kan no contaba con ningún punto de apoyo para impulsarse hacia arriba, el fondo estaba aún a un metro, la superficie a metro y medio y Rosana le mantenía agarrado suave pero posesivamente por la mano. Kan intentó nadar hacia la superficie, pero la joven, dándose cuenta de su problema le frenó y le atrajo hacia ella. Kan pensó que ya era demasiado alargar así la broma, pero antes de poder moverse se encontró con los labios de la muchacha en su boca. "¿Qué mejor forma de morir?" Pensó y juntó sus labios a los suyos. Cuando ya empezaba a desmayarse percibió la verdadera intención de la muchacha y, agradecido, tomó aquellas burbujas de aire que le ofrecía. Sólo fue un pequeño bocado de aire, pero fue suficiente para que la cordura retornara a la mente del Comandante Samurai, que lejos de soltarse abrazó con más fuerza a la joven y correspondió su beso vital. Momentos después estaban ambos en la superficie.
Kan respiró profundamente, sin
embargo ella no dio muestras de sentirse fatigada, parecía que habría podido
pasar toda la vida debajo de las aguas. - ¿Eres una mujer o una ninfa? -
preguntó sinceramente Kan impresionado por la belleza y la soltura de la joven.
- No sé - contestó ella enigmática - quizás lo sea - añadió sellando los labios
del joven con otro suave beso. - Ya es hora de comer - replicó él después de
jugar un poco más en el agua - no tengo ganas, pero si no acudimos al palacio
se preocuparán. Rosana asintió con la cabeza de mala gana. Había estado
pensando ir a ayudar a las cocinas a su padre, como tenía costumbre, pero
parecía que en su nuevo "cargo" de prometida de Kan su vida iba a
cambiar en más de una cuestión.
La joven ya se dirigía a la orilla cuando
se dio cuenta de un pequeño detalle que cada vez parecía tener menos en cuenta
cuando estaba con el muchacho. - Sal tu primero - ordenó la joven. Por toda
respuesta Kan se acercó a la orilla y alargó la mano para ayudar a la muchacha,
la cual le respondió con una significativa mirada que ya empezaba a serle
familiar a Kan. Soltando un suspiro de resignación se dio la vuelta sin que
ella se lo pidiese ¡Vaya manía más tonta! pensó él ¿Por qué sería? - No te
entiendo - expresó en voz alta Mientras tanto la mujer salió del agua y
escurrió su larga cabellera para secarla un poco.
Esto presentaba un problema añadido,
estaban en un claro y el sol secaría rápidamente sus cabellos si se recostaba
sobre la hierba, pero hasta entonces no podía vestirse, a riesgo de estropear
sin remedio la fina seda que tanto apreciaba. - ¿Qué no entiendes? - preguntó
la muchacha sin atender demasiado la conversación. - Tu manía porque me de la
vuelta - estas palabras dejaron fría a la joven, que recordó con una sonrisa
que estaba prometida a "una lechuga Samurai" - sé que me lo has
explicado varias veces, pero no acabo de comprender por qué algunas veces me
mandas que me de la vuelta y otras no. -¿Otras no? - se extrañó intrigada la
joven mientras se recostaba sobre una larga piedra boca abajo con su larga
cabellera estirada en la espalda para que secara - ¿A qué te refieres con otras
no? Cada vez que me he desnudado delante tuyo te he mandado que te des la
vuelta - la joven no pudo menos que sentirse avergonzada por como habían sonado
las palabras. - Sí claro! - contestó directamente el joven - pero bajo el agua
no me mandaste que me diera la vuelta - como la muchacha no respondía
pareciendo no entender continuó - y allí te veía con tanta claridad como te
puedo ver ahora si me diese la vuelta. Por toda respuesta, el joven Kan,
recibió una pedrada en el hombro derecho.
Rosana la había lanzado por puro
impulso y un segundo después ya se había arrepentido. No había pensado que el
chico pudiera verla con tanta claridad, pensó que la vería como a través de una
nube o algo similar... estaba roja como un tomate y hundió su cara entre sus
brazos llorando de rabia y pudor. Kan se agarró el hombro con la mano
izquierda, realmente la muchacha le había mancado, tendría un buen moratón en
esa zona, iba a replicar indignado cuando la escuchó llorar. Aquello resultó
para él como una patada en el estómago, rápidamente se dio la vuelta y se sentó
junto a ella sin saber que hacer, por fin tocó su hombro y agachándose intentó
captar su mirada. - Lo siento - dijo él
- no pretendía hacerte daño con mis palabras - se disculpó - no estaba ofendido
de verdad - añadió incapaz de comprender porque lloraba la joven. Ella lo miró
de reojo, estaba sentado junto a ella intentando consolarala, era obvio que él
no entendía nada pero aún así siguió llorando un par de minutos hasta que se
calmó sintiéndose maravillosamente renovada. - Mi lechugita! - dijo en voz alta
contenta Kan no sabía a que se refería pero estaba feliz de que ella riese de
nuevo, aquellos minutos habían sido los más tristes de su vida. - ¿De verdad no
entiendes nada? - preguntó ella curiosa aunque era obvio que no.
Sin embargo la respuesta la tomó por
sorpresa. - No, además mi otra prometida - al ver una amenazadora mirada en los
ojos de la joven aclaró - mi falsa prometida, no tenía ningún impedimento en
estar desnuda o casi desnuda delante mío, y también era hermosa. Aquello acabó
por sacar de quicio a la joven que se lanzó sobre su prometido una tigresa
olvidando todos sus pudores por la rabia. - ¿Cómo que otra prometida? - dijo
tirándolo en el suelo - ¿Cómo que otra mujer? - replicó enfadada mientras se
sentaba sobre él y le apretaba el pecho - ¿Cómo que desnuda eh? - y después de
pegarle un buen golpe en el pecho que le costaría un buen renegrón de varios
días al joven y cogiendo una piedra con la obvia intención de pegarle con ella
añadió - ¿Qué hacías tú con otra mujer desnuda? ¡A VER! ¡Explícate! Kan tuvo el
tiempo suficiente para agarrar las muñecas de la joven y explicar rápidamente.
- Fue cuando le corté el vestido para forzarla - y viendo que aquello no
mejoraba las cosas sino que la chica intentaba soltarse para cometer una locura
explicó a toda prisa- Chang quiso que matara a su propia hija, si no lo hacía
me mataría a mi, yo para engañarle finjí que pretendía abusar de ella antes de
matarla, de esta forma se convenció de que yo era malvado y salvamos la vida
los dos. La muchacha, no muy convencida por la explicación preguntó tanteando:
- ¿Y sigue viva esa muchacha? - Sí, - después de un momento preguntó - ¿Por qué
lo preguntas? - ¡Para matarla yo misma! - estalló ciega de celos Rosana - ¿Y
con quién más estuviste mocoso sinvergüenza? - dijo amenazándolo con la piedra.
- Con unos Samurais y con Chang con quien me batí a muerte - explicó rápidamente
- ¿Y ninguna chica más? ¿Ninguna chica desnuda más? - insistió la celosa
prometida - Menos tú no - contestó sinceramente Kan En ese momento ella se dio
cuenta de que estaba totalmente desnuda sentada sobre el joven a punto de
"matarlo inocentemente" con una piedra, se puso completamente roja de
vergüenza y saltó de encima de él corriendo hacia el vestido. Kan atontado por
la situación se levantó... justo antes de darse la vuelta.
La piedra que le había lanzado la
chica antes de coger el vestido le había convencido completamente. - Ya estoy
más calmada - y acercándose por detrás añadió - a ver, explícame lentamente
porque no debo matarte por haber estado con otras mujeres ¡y desnudas! - No
fueron mujeres - replicó el - fue una mujer, de hecho ni eso, aún era una
chica. - Sí, pero tú mismo reconociste que era hermosa ¡Y que estaba desnuda! -
¿No estás demasiado obsesionada con el tema de la desnudez? - ¡Ay! Kan reprimió
un gritito, la mujer había agarrado un pequeño músculo de su espalda y lo
giraba suavemente en un sentido muy doloroso... sin duda adviertiéndolo de que
midiese sus palabras. - De acuerdo, de acuerdo, es cierto - reoncoció el joven
- era una muchacha hermosa - y sintiendo la punzada más dolorosa añadió - pero
no tanto como tú - esto pareció calmar a la joven que relajó la presión y se
acercó más amistosamente.
- ¿De veras fue totalmente necesario?
- preguntó ella sintiéndose culpable de hacerle tantos reproches al joven, al
fin y al cabo había vuelto vivo que era lo que importaba, pensó ahora más fría.
- Sí - contestó sencillamente - además le entregué la parte superior de mi
Kimono para que se tapara cuando acabó todo - a lo que añadió resentido - ¿Te
crees que voy medio desnudo por puro placer? - Pues no lo había pensado - se
rió la joven ahora risueña como de costumbre abrazándolo desde la espalda - te
favorece y pensé que era una nueva moda entre los Samurais - se burló de él -
enseñar tu "pecho de lobo" igual que hace Omius - esto era,
obviamente, una pulla humillante e injusta, el joven no tenía ni un sólo pelo
en el pecho ¡Pero no era justo compararlo con el fornido guerrero! Temiendo
haberlo herido demasiado le dio la vuelta y se abrazó a él.
- De verdad te parezco más hermosa
que ella - preguntó - Sin duda - contestó Kan - ¡Y mucho más peligrosa! La
mujer se hizo la ofendida. - ¿Peligrosa yo? - puso poniendo cara buena - Si
sólo soy una niñita buena y sumisa. Kan la miró atentamente, ahora si parecía
buena... lo de sumisa habría que discutirlo. Pero Kan no se dejaba convencer
tan fácilmente. - ¡Qué genio tienes! - dijo rascándose el hombro - por unas
palabritas y casi me matas. ¡Asesina! - rió La joven se plantó frente a él
moviendo los puños de arriba a abajo como si fuera una adorable boxeadora. Una
carcajada surgió de la garganta de Kan. - Temo preguntarte... - dijo con un
susurro de voz. - Pregunta - sonrió ella contenta - ¿No me pegarás? - dijo el
acariciándose el hombro. - No cariño - dijo abrazándolo, contenta de estar en
privado y poder llamarlo como deseara. - ¿Por qué te molesta tanto el tema? -
insistió Kan - Yo no le veo ni pies ni cabeza.
Ella se quedó pensativa durante un
momento: - No está bien que un hombre vea desnuda a una mujer que no es su
esposa - dijo al fin - puede ser que este le pierda el respeto, la deshonre y
la abandone - explicó - al menos así me lo explicó mi madre. Kan quedó con la
boca abierta. - Yo nunca haría eso! - se defendió - ¿Me crees capaz de hacer
algo así? Rosana iba a responder automáticamente que TODOS los hombres eran
así, pero después de un momento cambió de idea y contestó: - No, a tí no te
creo capaz de hacer algo así - y sincerándose añadió - pero no puedo dejar de
tener un poco de cuidado, es parte de mi ¿Comprendes? - Supongo que sí -
admitió Kan - Pero estamos prometidos! - exclamó como si eso lo aclarase todo.
- nos vamos a casar, con lo que no tienes porque temer nada. La joven quedó
anonada por la facilidad con la que él había asimilado que se iban a casar,
ella aún no se hacía a la idea, aunque si es cierto que le gustaba mucho. Pero
en el fondo ella seguía siendo la hija de un cocinero y él el hijo del hombre
más poderoso del reino, si la abandonase por cualquier razón nadie diría nada
en su contra. Sólo en ese momento se dio cuenta de que eso era lo que temía, no
que la abandonase deshonrada, sino perderlo.
Amaba mucho más a Kan de lo que
quería reconocerse a si misma. - Eso tampoco es una seguridad completa - dijo
ella eludiendo el tema que ya le estaba siendo incómodo - además, por eso mismo
te he permitido estar delante de mi cuando me he desnudado, aún estando de
espaldas me parece que ya son bastantes libertades. No creo que mi madre
aprobase mucho mi conducta ¡Y menos mi padre! - esto era una escusa y ella la
sabía, ella era dueña de si misma y poco le importaba lo que pensasen sus
padres, nunca dejaría de hacer algo que ella consideraba que estaba bien.
Rosana no encontraba nada mailicioso en los momentos que habían pasado a solas,
ni en el baño que habían tomado, mucho menos en los besos que se habían dado.
Eran acciones naturales y totalmente puras e inocentes. Es cierto que había
cierto jugueteo entre ellos, pero era normal entre dos prometidos, lo malo
habría sido que no existiese nada de amor en la pareja como sabía que pasaba
entre parejas mucho más mayores, e incluso, casadas. Eso si lo consideraba algo
malo y antinatural. Kan había estado pensando durante un momento a la par que
la joven. Al fin dijo sencillamente. - Entonces nos casaremos. - Ya sé que nos
casaremos - contestó la joven que aún no había interpretado correctamente la
afirmación del joven - algún día, cuando nuestros padres lo consideren oportuno
y tú no te sientas forzado por el compromiso lo haremos - y rápidamente aclaró
- sé que a los hombres no os gusta comprometeros, pero yo... - su voz templó un
momento - yo te Amo Kan - dijo al fin haciendo al Comandante el hombre más
feliz de la tierra - lo supe desde el momento en que te vi hace meses sentado
como aprendiz en la mesa de tu padre - y después de mirarlo añadió - pero no
quiero que te cases conmigo sólo porque tu madre lo tramase todo para encontrar
una esposa a su hijo.
Sé que tú no tenías ni idea de que
era así y temo haberme aprovechado de el neviosismo y el ímpetu de tu madre. -
y sintiéndose por fin descargada de lo que tanto tiempo había retenido en su
pecho añadió - tú eres el hijo del hombre más importante del imperio, tienes
una gran carrera ante ti y yo no soy más que la hija de un humilde cocinero, no
quiero ser una carga para ti y que en el futuro me guardes rencor por no
haberte dejado cumplir tus sueños. Te quiero demasiado para hacerte eso. -
después añadió - Además estoy segura de que siendo quien eres tendrás miles de
mujeres dispuestas a casarse con alguien con tu fortuna. ¡Pero a mi eso no me
importa! - aseguró - Te quiero porque eres bueno y valiente... porque eres tú.
Si fueras pobre te querría igualmente - Rosana se calló porque si fuera pobre
quizás lo querría aún más pues no tendría estas dudas que la atormentaban. Kan
estaba paralizado, apenas había podido seguir el razonamiento expresado a toda
prisa por la joven. - Yo ... - dijo al fin - lo que quería decir es que nos
casaríamos hoy mismo - añadió al fin - así me ahorraré más pedradas - explicó
Rosana, nerviosa como estaba, no pudo reprimir una estruendosa carcajada, tumbó
al chico en la hierba y se rió feliz mientras lágrimas de felicidad caían por
su rostro bañando al joven. Kan se unió también al momento de felicidad sin
acabar de comprender del todo que le pasaba a la joven, pero ya estaba
empezando a acostumbrarse a aquella extraña doble personalidad que Rosana
parecía hacer gala con él. - Te quiero - dijo él sencillamente, no esperaba la
gran sonrisa de felicidad que cubrió el rostro de la joven, decidió que si esa
era la reacción que causaban en ella esas simples palabras... se las repetiría
una y otra vez durante toda su vida.
La joven pareja quedó allí, tumbados
en el claro sobre la hierba horas y horas hasta bien pasado el medio día, no
dijeron una palabra, sus ojos hablaban por ellos. Y eso fue lo único que
hicieron durante todas esas horas. Disfrutar de su mutua compañía, sólo aquello
parecía encerrar la máxima de las felicidades. Otra vez la vida le eneñaba que
la máxima felicidad se alcanza de la forma más senilla, estando sencillamente
tumbado sobre la hierba con la persona amada.
Cuando por fin regresaron a palacio Rosana le preguntó si les reñirían
por llegar tarde, después de todo sus padres tenían que estar preocupados al no
saber de ellos durante tanto tiempo. - ¡Qué va! - aseguró el joven - Gui nos
encontró justo cuando el sol estaba en su cénit, nos miró un momento para ver
si estabamos bien y después partió para avisar a mi madre de que nos
encontrabamos sanos y a salvo. - ¿Me dormí en algún momento? - preguntó la
joven extrañada, no recordaba haber visto al alto Samurai en toda la mañana. -
No que yo sepa - contestó el joven y viendo la mirada extrañada de su futura
esposa añadió - Gui estaba perfectamente camuflado entre unos árboles a nuestra
derecha. Era imposible verlo aunque estubieses a medio metro de él.
Rosana le miró sorprendida, de sus
ojos prendía una pregunta que el joven no acababa de leer. - ¿Cómo lo viste? -
dijo al fin - Ah! - contestó alarmado - Bueno... realmente no lo vi. - Y
entonces como sabes que estaba allí ¿Acaso te lo imaginas? - No no! - aclaró el
joven - ¡Nunca haría esto! Sencillamente lo sabía. - al ver que Rosana quería
saber más añadió - es como un sexto sentido. Estos días he aprendido muchas
cosas, entre otras a no fiarme de las apariencias - dijo recordando la faz de
Chang que supuestamente era totalmente amable y que en realidad ocultaba la más
profunda de las locuras - Estos días he aprendido a fiarme mucho más de mi
"instinto", ignoro mis inseguridades y mis miedos y me guio por mi
intuición. Eso fue lo que me salvó la vida cuando me enfrente a Chang - recordó
amargamente - me había cegado con tierra suelta y no le veía - explicó a la
joven - así que tuve que fiarme de mi intuición para salvar la vida.
""Últimamente he aprendido más lecciones de las que te imaginas. Sólo
en estos dos días he aprendido que siempre existe una salida honesta a una
situación, por muy difícil que sea. ""Aún cuando parecía que sólo
tenía dos opciones, matar a mi falsa prometida o morir, descubrí que realmente
SIEMPRE - dijo resaltando la palabra - siempre existe una opción honrosa que
conduce al éxito. ""Cuando me enfrente a Chang al principio pareció
que tenía ganada la batalla, después se inclinaron las tornas, con lo que
aprendí que nunca uno puede estar seguro completamente de nada hasta que ya lo
ha conseguido. ""También se aplica esto a lo malo igual que a lo
bueno.
Cuando parecía que ya era hombre
muerto pude encontrar una salida que me salvo la vida. ""Siempre
existe una salida honrosa que te dará el éxito. ""También tu me has
enseñado algo - dijo contento de aclarar sus ideas pues hacía tiempo que no
podía hacerlo - Tanto tú como la hija de Chang me habeis enseñado que no
siempre lo que se cree por 'prejuicio" que es malo, ha de ser malo por
necesidad. ""Por ejemplo yo me quería morir porque me consideraba un
infame mientras fingía violentar a la hija de Chang, esta me hizo ver que
incluso aquel acto deprabado, en aquellas circustancias fue para ella como una
bendición, sospechó que aún cuando mis actos no hubieran sido lastimeramente
fingidos, la chica lo habría aceptado con gusto para poder conservar la vida,
sin duda algo mucho más importante que una simple actuación.
""También tú me has enseñado que una misma cosa vista por dos
personas puede ser considerado bien por una y mal por otra. Yo consideraba que
estar juntos desnudos, era algo bueno e inocente.
Quizás sea por mi juventud, pero yo
no veo distinción alguna entre que estemos paseando ahora vestidos a que
estuviesemos paseando desnudos. - La mujer quedó ensimismada por la sencillez
de los pensamientos del joven - Quizás porque soy práctico por naturaleza
comprendo la necesidad de la ropa cuando hace frío, o de la armadura en la
batalla... pero no entiendo la necesidad de ropa por eso que llaman 'pudor' -
después de hacer una pausa añadió - sin embargo tú me has mostrado lo
importante que es para tiº, tú lo consideras algo malo o sencillamente
impensable. ""Sospecho que ambas formas de pensar, tanto la tuya como
la mía son totalmente correctas pues sólo dependen de quien esgrima el
argumento a su favor o en contra para que esté convencido de su necesidad.
Unos considerarán más importantes
unos puntos que otros considerarán simples detalles y... viceversa.
""Esto me ha enseñado a respetar más las formas de pensar de cada
persona. Lo importante es la bondad del corazón de la persona en si. Aparte de
eso sus costumbres poca importancia tienen, pues estas son cambiantes de un
lugar a otro y al fin y al cabo no son realmente importantes... mientras no se
haga daño o perjucio a otra persona - aclaró el joven - pues la base de la
bondad está en no dañar a nadie y respetar sus ideas. ""Hemos de
respetar aun lo que nos puede parecer ridículo a nosotros mismos pues de no
hacerlo podemos herir los sentimientos de otra persona. ""También he
aprendido... de nuevo - sonrió - que la máxima felicidad se consigue con
cuestiones que desechamos en el día a día. ""Ayer he visto la muerte
de cerca... varias veces - resaltó - eso me ha permitido darme cuenta de que
muchas veces nos preocupamos por detalles que no tienen importancia y olvidamos
disfrutar de cada segundo.
Después de mirar fijamente a los ojos
de su futura esposa continuó: ""No hay nada que haga tan feliz como
estar al lado de la persona amada. Eso tiene un valor infinitamente más grande
que las riquezas, el poder o cualquiera de los placeres que nadie pueda
ofrecerme, incluido Chang. ""Cuando estuve con la hija del Samurai
Oscuro tenía delante de mi a una muchacha muy hermosa, dispuesta a satisfacer
todos mis desesos. Tenía ante mi tesoros de infinito valor a lo que había que
sumar tierras y todos los placeres que puedan llegarse a imaginar. - después de
una pausa añadió - sólo un completo imbécil cambiaría un solo segundo con el
Amor de su vida por esos placeres sin importancia. ""Nada hay tan
imporante en la vida como el Amor. Sin embargo el amor sólo puede disfrutarse
al máximo con corazón puro que no desee más que estar cercano a la persona
amada. Sólo ahora conocía Rosana a todo
lo que Kan había renunciado por estar a su lado. No sólo casi había muerto en
la lucha, también había renunciado a todos los sueños mundanos del hombre
normal.
La increíblemente hermosa mujer se maravilló de la bondad y la pureza del joven. Supo instintivamente que eso ya lo hacía superior a todos los hombres. Esa pureza se le tornó irresistible y quizás, sólo quizás, fuera la causante de que lo amase con una intensidad tal con la que ninguna mujer había amado antes.
La increíblemente hermosa mujer se maravilló de la bondad y la pureza del joven. Supo instintivamente que eso ya lo hacía superior a todos los hombres. Esa pureza se le tornó irresistible y quizás, sólo quizás, fuera la causante de que lo amase con una intensidad tal con la que ninguna mujer había amado antes.
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Manual Samurai Capítulo 3
Manual Samurai Capítulo 4
Manual Samurai Capítulo 5
Manual Samurai Capítulo 6
Manual Samurai Capítulo 7
Manual Samurai Capítulo 8
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Demuestra ser un MAESTRO del KUNG FU chino | Audiciones 8 | Got Talent España 2019
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Por. Daniel Yaya.







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